Posts filed under 'Reflexiones y el día a día'
Mi nueva keli
Muchas son ya las semanas que llevo sin dejarme caer por mi bitácora y es que no encuentro el momento. Un ritmo de vida frenético se ha apoderado de mi ser y para más inri vivo en una nueva casa que aún no posee la tan vital (al menos para mí) Internet. Así las cosas, no me va a quedar más remedio que aprovechar ratos muertos en casa de mis padres cuando venga de visita para congraciarme con mi blog y amigos seguidores, aunque espero tener conexión en pocos días (y espero que realmente sean días y no semanas).

No pocos cambios he sufrido en mi rutina diaria, aunque el principal ha sido una mudanza a un ático en el centro de cáceres. Típico piso de portería en la azotea del edificio, pequeñito y reformado, que con un poco de esfuerzo (si Sandra escuchase lo de “poco” estaría poniéndome ahora mismo un careto de completa incredulidad) y cariño lo hemos hecho habitable. Dispone de un salón-comedor-cocina americana, un cuarto de baño, dos habitaciones y una terraza de más de 300 m cuadrados, que aunque pertenece a la comunidad, nos la hemos apropiado con todo el derecho del mundo.
El trabajo me va muy bien y cada día estoy más contento y a gusto, tanto por las tareas que desempeño como por la relación que mantengo con mis compañeros y jefe, y si bien es verdad que al principio me costaba encontrar mi sitio, cada día tengo más claro cuáles son mis funciones dentro de la empresa y qué es lo que puedo aportar, siempre desde la libertad da acción y reacción que tengo a mi alrededor.
Así que mientras por las mañanas trabajo, las tardes las he gastado (que no malgastado) en sendos cursos de fotografía el primero y diseño gráfico el segundo (este último en Bellas Artes) que me tenían totalmente entretenido hasta la hora de entrenar. Hasta tal extremo ha llegado mi enganche que por fin me he decidido a regalarme uno de esos infinitos caprichos que se van encolando en una lista interminable de “deseos” hasta acabar en el baúl de los recuerdos, pero que en este caso se ha hecho realidad: Una cámara de fotos reflex, más concretamente una Canon EOS 1000D y dos objetivos (un gran angular y un teleobjetivo) así que estoy muy ilusionado con este nuevo hobby, para el que espero sacar tiempo libre desde ya mismo.
Después de una dura jornada de entreno ya no quedaba tiempo para otra cosa que no fuese disfrutar un rato de una buena copa de vino, de mi casa nueva y como no de mi chica, con la que comparto el nido.
Los días van pasando vertiginosamente y me mente se encuentra más activa que nunca. Hace meses que dejé de fumar, llevo una vida relativamente sana para lo que siempre fui, mi cuerpo se mantiene en forma y mi corazón ocupado. Buenos tiempos para la lírica, pero esto no implica que me vaya a relajar porque acomodarse es fácil. Soy consciente de que este es el camino, no el fin, y que he de seguir su senda para alcanzar las mentas que me he marcado. Todos tenemos un sino y hemos de luchar por él, y sé que lo vivido en estos 31 años de vida son el preludio de un destino escrito en mi genética el mismo día que una matrona me puso boca abajo mientras me sujetaba de los tobillos y azotaba mi ya prominente culo. Ese día lo supe, aunque no me acuerde, ese día lo supe.
Espero tener parte de mis tardes libres y conexión a internet para retomar mis andanzas blogueras, pero de momento me conformo con asomarme a la ventana de este mi blog y gritar a pleno pulmón que estoy vivo, que no tengo miedo, que sigo aquí y que cada día estoy más y mejor preparado para afrontar lo que se avecine.
“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos.” Arthur Schopenhauer
2 comments Noviembre 6, 2009
¿Tienes cambio?
Extraña situación la que he vivido esta mañana. Me encontraba en una céntrica sucursal de la Caja de Extremadura porque tenía que hacer un ingreso para pagar la matrícula del taller de Diseño Gráfico de Bellas Artes al que me quiero apuntar este año, cuando atónito he presenciado como un extranjero intentaba cambiar un puñado de dólares a euros y no lo conseguía.
Aunque el extranjero en cuestión hablaba inglés a la perfección, ha terminado la conversación con el cajero que le ha atendido hablando un portugués con acento sajón, con lo que no me ha quedado nada clara su procedencia. El caso es que el pobre hombre pretendía cambiar unos 100 dólares a euros para gastárselos en nuestra querida ciudad patrimonio de la humanidad y éste era el quinto banco que visitaba para poder cambiarlos según él. La cara de los pobres cajeros que le atendían era todo un poema y me han entrado ganas de ofrecerme como traductor, pero la situación era tan obvia que sobraban traductores y palabras. Según el cajero la culpa era del ordenador, y apelaba a la paciencia del pobre hombre para que el cambio se pudiese hacer efectivo, pero a su vez aconsejaba al guiri que se fuese a la sucursal de un banco de la competencia que había por allí cerquita para que cambiase su dinero si le urgía disponer de él cuanto antes. Ni que decir tiene que tanto el guiri, como un amigo suyo que se acaba de acercar para ver qué coño pasaba, como yo, estábamos flipando en colores, pero lo que más me ha llamado la atención de todo esto ha sido la obvia queja que ha hecho el turista al cajero: ¿Cómo es posible que en una ciudad turísitica, patrimonio de la humanidad y que aspira a la capitalidad europea no me puedan cambiar 100€ en ningún sitio?
Ahí dejo la pregunta lanzada por el paciente y educado turista (porque si me pasa a mi esto probablemente me hubiese cagado en la puta madre que parió a más de uno):
¿Cómo es posible?
¿Cómo es posible aspirar a la capitalidad europea de la cultura… sin cultura?
¿Cómo es posible que en cáceres haya apenas 3 o 4 salas en las que se pueda ver música en directo?
¿Cómo es posible que exista una fuga de cerebros tan atroz a falta de trabajo especializado para nuestros jóvenes?
¿Cómo es posible que el número de matriculados en la Universidad de Extremadura descienda año tras año?
¿Cómo es posible que a las tres me tenga que ir a casa por decreto ley después de cenar con unos amigos sin apenas tiempo para tomarme una copa de postre?
…
¿Cómo es posible?
4 comments Septiembre 24, 2009
Hojas en blanco que caen de los árboles al llegar el otoño
Enfrentarse a una página en blanco como en cada amanecer de tu vida. Tú y sólo tú eliges qué escribir en dicha página, adquiriendo el compromiso para no acostarte sin haberla manchado de tinta.
Enfrentarse a una página en blanco puede ser motivo para que una renovada ilusión surja en tu vida. Una obligación para quién en su día decidió firmar un contrato con la constancia independientemente de los avatares que le deparasen las horas. Y aquí, en esta tesitura me encuentro tras el verano que se escapa de nuestras manos. Un estertor caluroso que duró un suspiro, lo que un susurro tarda en anticipar la llegada del Otoño. Autum diría un inglés… Fall diría un americano. Más académica la primera, más descriptiva la segunda, pues caen las hojas de los árboles en octubre… hojas blancas, cae el moreno a nuestros pies, se renuevan ilusiones y comienza el nuevo curso.
El sueño llama a mi puerta. Bienvenido a la vida del trabajador, dicen algunos. Larga vida al César, larga vida al rey. Despacito y con buena letra escribimos una nueva página antes de ir a la cama, aunque siempre queda el borrón, mancha de tinta inherente a la punta de la pluma tras su leve descanso sobre el papel, y es que el día acabado succiona todo cuanto atrapa a su alrededor para adquirir sentido. El agujero negro tendrá su razón de ser, pero eso, será otra historia porque de mis labios fluye un tenue silbido antesala de ronquidos, sueños con mundos de fantasía y en definitiva cuentos chinos para los niños del Japón.
“Houston tengo miedoooo, quiero bajaaaaarme de aquí. Si todos están locos voy a largaaaaarme de aquí”. Love of Lesbian
3 comments Septiembre 2, 2009
Trabajando que es gerundio
Llevaba mucho tiempo sin escribir, y una sensación de responsabilidad y constancia me ha empujado a retomar mis andanzas con mi bitácora. El calor aprieta y yo he vuelto a la casa de mis padres. Motivos varios precipitaron esa decisión pero con decir que el continental clima extremeño se sobrelleva mejor con piscina y aire acondicionado basta. Además creo que huelga decir que sin dinero para pagar el alquiler malamente se puede independizar uno.
Otra novedad que añado a la receta en este punto de inflexión es un nuevo e ilusionante trabajo en una empresa de energías renovables dedicada al desarrollo de todo tipo de proyectos de instalación y mantenimiento de placas fotovoltaicas. Dicha empresa se encuentra en un momento crucial de expansión y ahí es donde entro a jugar yo. De momento me quedo con el ambiente de trabajo y mis compañeros. Una nueva aventura y una excusa para ejercitar ese músculo que tenía tan atrofiado y maltratado en los últimos tiempos llamado cerebro.
Pero viendo que la última vez que intenté trabajar me puse enfermo el día anterior (y soy de los que no enferman nunca) decidí intercalar antes de mi primer día de trabajo un fiestón en Madrid, un viaje a Budapest y Viena para visitar a amigos y un concierto de Metálica. Del viaje a Budapest hablaré con más tranquilidad en otro momento, pero puedo asegurar que lo más impresionante de Budapest, al menos del que pude conocer, no son sus chicas, que haberlas hailas de todos los colores, ni su comida, excesivamente contundente para afrontar los fríos inviernos y que dieron buena cuenta de nuestros maltrechos estómagos, ni su famoso parlamento, o el puente de las cadenas, o la ciudadela, o la plaza de los héroes, ni Buda, ni Pest. Lo más espectacular de Hungría son sus Balnearios. Creo que si el cielo existe debe ser algo muy parecido a lo que pude disfrutar en Széchenyi. También está el de Gellért y otros muchos y famosos, pero como el de széchenyi ninguno. Hasta tal punto llegué a orgasmar en dicho santuario del placer y el descanso que confieso que tuve que repetir.
Puede que mis palabras suenen un poco a pitorreo, o puede que me esté haciendo mayor, pero aunque en Budapest salimos de fiesta, para mí lo más impresionante del viaje fue lo que os acabo de contar, así que ahí queda eso.
4 comments Julio 22, 2009
Cerrado por vacaciones
Hoy escribo para comunicar que desaparezco del mapa un par de semanas por vacaciones, o mejor dicho para realizar un viaje, porque de vacaciones he estado siempre en los últimos tiempos. Marcho a Budapest (Hungría) con un amigo que vive allí y no he querido buscar ni un mísero mapa de la ciudad, ni sitios que visitar ni nada. Sorpresa total. A la vuelta tendré un concierto de Metallica esperándome en Madrid con mi amigo Fernando y el día después de mi regreso comienzo a trabajar en una empresa de Energías Renovables. Una nueva etapa se abre ante mí, y como casi todo punto de inflexión en mi vida, precedida de un viaje. Haré lo posible por escribir desde Hungría, pero no garantizo nada, así que por lo pronto me despido del mundo hasta mi vuelta.
Hoy comienzo el viaje en Madrid, y asistiré al Orgullo Gay, fiesta que no me he perdido en los últimos años por que es la mar de divertida, pero para los suspicaces y graciosetes van estos dos datos que descubrí anoche en un documental: estirad la palma de vuestras manos y juntad los dedos. Ahora fijaos en vuestros dedos índice y anular. Si tienen más o menos la misma longitud (cosa que pasa mucho más en mujeres que en hombres) puede implicar haber tenido menos testosterona en etapas tempranas. No me digáis el resultado. El otro dato es meramente estadístico. El porcentaje de gays frente a heterosexuales aumenta notoriamente conforme más hermanos mayores se tienen.
Por suerte yo soy primogénito, pero si aún hay suspicacias, os puedo asegurar que mientras desayunaba me deleitaba con los conciertos de música clásica de los sábados por la mañana, y se me ha puesto dura con el director de orquesta, que no era otro que Inma Shara, directora de orquesta vasca que está como un tren. Nos vemos en unos días. Agur.
Add comment Julio 4, 2009
Tic tac tic tac
Una página en blanco. Un futuro incierto. Una edad adecuada y un espíritu joven. Un sentimiento contradictorio y la confusión. No es fácil decidir sobre las cosas importantes en esta vida. Nadie dijo nunca que lo fuese, y siempre quedará ese resquemor, esa duda sobre haber tomado la opción correcta. ¿Qué significa acertar?¿Bajo qué parámetros? Si la cabeza y los sentimientos van agarrados de la mano en la misma dirección no hay problema, ni discusión ni elección. La cosa se torna demasiado fácil, pero la mayoría de las ocasiones surge una dicotomía, ineluctable bifurcación entre lo que deberías hacer, y lo que el cuerpo te pide hacer, entre lo correcto y lo arriesgado, entre lo que te aconseja la gente y lo que te grita tu estómago… entre el pusilánime y el valiente.
Entretanto el sol nace y se pone todos los días por los mismos lugares de siempre. Solo, tumbado en el sofá con una cobra blanca delante sonriéndome oigo como reverbera en mi interior el tic tac de un reloj. Al final, lo que queda se tome la decisión que se tome, es el tic tac de ese reloj, que nos apresura a vivir una vida que tiene fecha de caducidad.
3 comments Junio 17, 2009
El bebé del sueño
Estoy sentado en el suelo. Postura relajada con una pierna estirada y la otra flexionada y abrazada. Estoy apoyado sobre un biombo de un metro escaso de altura color azul marino. Desconozco quien habla, pero lo escucho con despreocupada atención. Existe un ambiente distendido en un salón repleto de amigos y la gran mayoría observa a quién ha tomado la palabra. En esos instantes oigo ruidos tras el biombo azul y me incorporo con desdén asomando las cejas por encima y cuál no sería mi sorpresa al vislumbrar dos niños. El mayor que no contaría con más de dos años se encontraba haciendo un castillo de arena, sin almenas, al estilo de las torres mochadas de Cáceres por culpa del cubo de plástico usado. Junto a él había un váter y bañándose dentro se encontraba el segundo: un bebé. Ante tal visión no pude menos que incorporarme del todo y justo en ese instante, como por arte de magia, como si el bebé fuese una colilla arrojada al retrete y después se tirase de la cadena, comienza a dar vueltas en un remolino hasta ser engullido ante mis ojos. Me quedo perplejo y en las décimas de segundo que tardo en reaccionar aparece una chica alterada que introduce desesperada su brazo hasta el codo para intentar rescatarlo. No grita. No llora. Nadie se percata en la sala. Me pongo nervioso, y ante la impotencia de ver que la muchacha no encuentra al bebé, la aparto bruscamente e introduzco mi brazo mucho más largo hasta el hombro. Casi siento como me succiona el váter y noto mi oreja húmeda. Estiro el brazo todo lo que puedo y toco las manos del bebé. Agarro una con fuerza y de un tirón limpio saco al bebé de las profundidades. No grita. No llora. Me asusto. Salgo del biombo y me siento en un sofá. Ahora soy yo el centro de atención, pero ante la impertérrita mirada de mis amigos no abro la boca. Recuesto al bebé sobre mi pecho y en ese momento comienza a gritar. Está vivo… y lloro de la emoción. Miro a la chica situada en segundo plano, apoyada en una esquina de la sala y descubro, por intuición que no es su madre y en ese momento me despierto sobresaltado, una vez más esa noche.
¿Qué ha sido esto? ¿Qué coño significa este sueño?¿Ha sido producto de la acumulación alcohólica-psicotrópica de dos días de feria?¿La influencia de ver a mis mejores amigos con sus bebés en brazos?¿Obsesión por acordarme de bajar la tapa del váter? Sea lo que fuere, llevo un par de días sin poder quitarme este sueño de la cabeza. Breve pero intenso, me permitió pasar del asombro al susto, del susto al miedo y del miedo a la acción, para volver al pánico y acabar con una intensa emoción de felicidad.
7 comments Junio 2, 2009
Mi primer trébol de cuatro hojas
31 años he tardado en encontrar uno… ¡pero al final lo conseguí!

La pulsera me la han hecho y regalado los pacientes del psiquiátrico, y de los tréboles de cuatro hojas no sabría muy bien qué decir, porque en un descanso para echar un cigarrito hemos encontrado 3. Toda una vida buscando uno, y en el psiquiátrico encontramos 3 en un periquete… ¿qué le echarán al césped?
4 comments Mayo 26, 2009
Érase una vez un Psiquiátrico en Plasencia
Érase una vez un psiquiátrico escondido en la ribera de un río, donde los dos valles más bonitos de la región de Cáceres confluían: el de la Vera y el Jerte. Desde el psiquiátrico de Plasencia se podía disfrutar de una bella vista cualquier día que amaneciese soleado, con lo que la paz emanada por la naturaleza pasaba a ser un instrumento más de la orquesta que vela por el buen cuidado de los internos.
La vida en aquellos lares transcurría en perfecta armonía, gracias a un ancestral Secreto que todos los miembros del reino han guardado celosamente durante siglos.
Pero un buen día el Rey de la Diputación de Cáceres Murió, y le Sucedió en el Trono su Majestad el Rey de la Junta de Extremadura, con lo que aquél Psiquiátrico y sus gentes pasaron a formar parte del nuevo reino de la Junta. Hacía años que las hordas de la Junta habían ampliado sus fronteras y posesiones en brutales batallas por el dominio de la tierra Extremeña, pero esta vez la transición fue pacífica, y así lo asumieron los humildes habitantes de aquél maravilloso castillo situado en la confluencia de dos valles, los más bonitos de Cáceres, a la ribera de un río.
Aparentemente nada cambió y las gentes del castillo continuaron sus quehaceres cotidianos un día tras otro hasta que una soleada mañana apareció al galope un mensajero del Rey anunciando su llegada en poco tiempo al castillo para tomarlo en posesión y dejar allí un pequeño destacamento permanente. Para que eso fuese posible, y como acto de buena fe, decidió enviar una avanzadilla con sus dos hijos predilectos, Rafael, primogénito y sucesor al trono, y la princesa Rosa, hermana menor, para que hiciesen los preparativos e inventariasen todo cuanto había en el psiquiátrico. Así fue y los habitantes del Castillo dieron una gran fiesta de bienvenida al día siguiente cuando hizo su aparición la avanzadilla del Rey con los principes Rafael y Rosa a la cabeza. Sin más dilación ni pérdida de tiempo, el Duque de Plasencia director regente del Castillo, asignó a los príncipes dos escuderos de mantenimiento de su máxima confianza con las llaves del psiquiátrico para que mostrasen a sus Excelencias las estancias del castillo.
Y así pasaron los días. Los príncipes recorrían los jardines y los aposentos del castillo acompañados por sus respectivos escuderos, José el del príncipe Rafa, y Vito el de la princesa Rosa; y por escribanos que tomaban nota de todo cuanto los príncipes dictaban. Esta parte era esencial para la toma pacífica por parte del Rey de la Junta de sus posesiones, pues existía el peligro de que tras la muerte del venerado Rey de la Diputación, la propia población, o inclusive la nobleza o el clero, quienes eran más duchos en tan malas artes, expoliasen la fortuna del difunto Rey ahora perteneciente a la Junta y su Imperio.
Los príncipes hicieron su trabajo obteniendo en todo momento la colaboración de todo el personal e inclusive pacientes del psiquiátrico, y así llegó el día de la llegada del Rey. Ese día cerró la Lavandería, dejaron de sonar las máquinas en los talleres de pintura, decoración, encuadernación, costura o telares en Laboterapia. Los ancianos en sus sillas de ruedas copaban las primeras posiciones del recorrido del rey a la entrada del psiquiátrico. No había un solo loco en su habitación y todos llenaban los jardines con aplausos y vítores al Séquito mientras hacía su entrada a palacio. Tan sólo la cocina trabajaba, y no lo hacía al ritmo diario de dar de comer a 300 pacientes, sino a muchas más con lo que duplicaron su trabajo.
El Rey estaba contento por el recibimiento obtenido, y tras reunirse con sus queridos hijos hizo toma de posesión del psiquiátrico. Dio un banquete al que asistió todo el mundo y tras la Cena tomó la palabra para dar un discurso: “Queridos pacientes y trabajadores del psiquiátrico, confío plenamente en vuestra fidelidad a la nueva corona, y prueba de ello es el recibimiento que me habéis brindado, pero si hay algo que anhelo desde que puse la vista en este psiquiátrico, no son las posesiones que tan solícitamente han inventariado mis amados hijos, sino un Secreto, un secreto milenario que habéis pasado por tradición oral de padres a hijos, de locos a locos, de pacientes a médicos, en el paso de los siglos, y que los príncipes, desgraciadamente no han podido descubrir. Siempre me caractericé por ser justo, y por regir mis reinos con mano férrea, y aquí ante Dios os aseguro, que si tras finalizar estas palabras nadie confiesa dicho Secreto que ha mantenido la paz y la serenidad en el psiquiátrico todo este tiempo, mi furia caerá sobre vosotros y vuestros hijos, y los hijos de vuestros hijos.”
Pronunciadas estas palabras un plúmbeo silencio se apoderó de la estancia, hasta que Rosa, la princesa, la más limpia de corazón, apenada ante las palabras de su padre, se levantó y tomó la palabra: “Padre, durante mi estancia aquí estas gentes, locos o no, han sido las más amables del mundo. Antes de cruzar el foso de entrada era inimaginable para mí un recibimiento igual y después de este tiempo, creo haber comprendido el Secreto. El Secreto de la felicidad intramuros, y creo que el antiguo Rey lo sabía, y por eso jamás abandonó los muros del psiquiátrico, es que la verdadera cordura está aquí, entre los locos. Su simpleza y sinceridad, su visión de la vida, es la que ha hecho que se respire durante años este ambiente de cordialidad y armonía. Los locos, los verdaderos locos, están ahí fuera, destruyendo el mundo, permitiendo la hambruna, las guerras…”
…Las guerras… Estás últimas palabras reverberaban por el castillo mientras los locos sonreían y los extranjeros del séquito del rey se miraban incrédulos los unos a los otros. Finalmente el Rey retomó la palabra y mirando a su hija emocionado dijo… “Trabaja, plasma las palabras, hazlas balas, atrapa ráfagas, sal, machaca cada sala, ladra hasta rasgar la garganta, saca las garras, las armas, las gradas harán palmas, la fama tarda, patán, jamás hallarás paz, amargas caras largas arrastran maldad, andarás a rastras, pagarás caras las cagadas, las carcajadas sabrán saladas…” y colorín colorado, esta locura se ha acabado.
(pdt: Al joven y apuesto príncipe de metro noventa, tez morena, ojos y pelo castaños y complexión atlética, Le quedan aún unos días de trabajo en el psiquiátrico, y con un poco de suerte cobrará el paro, por lo tanto hoy también ha sido un lunes al sol, pero diferente.)
8 comments Mayo 25, 2009
Llegó Coria… llegó… ¡el muro!
16 de Mayo del 2009 era el día señalado en el calendario. Coria la ciudad y las 19:30 la hora. Casi dos meses hacía ya que acabábamos la liga, y al trío voleibolero formado por Charly, Fernando y yo se unían ayer dos nuevos representantes del club: Rafa y Néstor.
La II Media Maratón Ciudad de Coria era a priori una carrera ideal para poder prepararnos en serio tras finalizar la temporada y comprobar a qué nivel podemos estar sin ser corredores profesionales. Con esto me refiero a que las dos medias anteriores (esta ha sido mi tercera media maratón) las corrimos tras haber sufrido un duro desgaste la noche anterior con sendos partidos de voleibol, y durante la temporada resulta imposible prepararse en condiciones, pero a pesar de haberlo intentado la preparación no salió como deseábamos. Charly tuvo una gastroenteritis durísima que le cortó la preparación, sufriendo una lesión en la espalda tras un desmayo debido a dicha gastroenteritis que le ha tenido en vela hasta esta última semana de competición. Al final… corrió. En mi caso, los problemas vinieron de la mano del buen tiempo y tan significativas fechas, en las que dos largos viajes a Nueva York y Praga, junto con fiestas como la de San Jorge o el Womad, rompieron por completo la preparación que comencé tras finalizar la temporada de voleibol. A otros como a Fernan, una preparación tan exhaustiva como larga comenzó a ponerse muy cuesta arriba en las últimas semanas. Esto añadido a su reciente paternidad provocó que desease más que nadie que llegase el día D, y poder parar de correr durante una temporada para oxigenar su mente. No obstante, a pesar de que la moral no estaba en su clímax, la ilusión seguía intacta. Rafa y Néstor se desvirgaban.
Sabíamos que el circuito iba a ser duro puesto que el Mapa mostraba una rampa final en los dos últimos kilómetros de porcentajes elevadísimos, y se transcurría mayoritariamente por caminos de tierra y piedras. Si a esto añadimos el fuerte viento de cara que soportamos gran parte de la prueba, puedo afirmar que ha sido sin duda el recorrido más duro que he hecho hasta el momento. Pero todo lo que pueda contar a priori del recorrido es poco comparado con lo que uno se encuentra in situ. Baste decir que si las dos pruebas anteriores disfruté y mucho, ayer tocó sufrir hasta límites insospechados, teniendo que controlar mis pensamientos y reprimir los continuos impulsos que tenía de parar de correr. El disfrute comenzó tras recuperarme de los fuertes mareos que tuve al llegar a meta y pegarme una ducha de agua fría, rememorando con otros corredores los calvarios sufridos durante la prueba, pero hasta entonces, hasta que uno comienza a asimilar el transcurso de tan exigente prueba, de disfrute nada. Ni olmos, ni vistas, ni campos, ni hostias en vinagre. Sólo dolor de rodillas, piernas, pezones, sudor y un gran esfuerzo por luchar contra la puta vocecita que se ha encerrado en tu cabeza y no para de martillearte con un “páaarateee“, “déeejalo yaaaa, ¿qué sentido tiene que sigas sufriendo?”,”venga lo has intentado tío, no pasa nada baja el ritmo que no vas a acabar”.
Y es que la traición en la prueba viene de la mano del circuito: salida cuesta abajo, llaneo durante la parte central de la prueba para terminar con una subida de gran porcentaje de desnivel. Y digo que ahí viene la traición porque entre los nervios propios de la carrera, la cafeína, las ganas de superar marcas anteriores y los primeros kms con desnivel favorable, comenzamos todos a un ritmo muy superior a nuestras posibilidades, o al menos a nuestros límites conocidos. Charly y yo escapados con el grupo de cabeza y el primer km cayó en 3′35”, marca muy inferior a la media realizada en las pruebas anteriores y que iba a resultar imposible de mantener, pero lo hicimos, y no dos, sino tres kilómetros más, altura en la cuál se descolgó Charly. Primera duda: “se me está yendo la olla, ¿sigo a este ritmo o lo espero?”. La respuesta la tenía clara. Mis sensaciones no eran las mejores, pero tampoco tenía nada que perder y en el fondo creo mucho en mis posibilidades, o en mi potencial mejor dicho, así que agaché la cabeza, saqué los cuernos y esprinté para alcanzar a un corredor que iba delante mía y que rondaría los 48 años. Su ritmo endiablado, el mío, igual. Charly sufrió fuertes calambres en los abdominales y no pudo correr en condiciones, teniendo que hacer varios tramos andando. Aún así terminó la carrera. Supongo que la emoción de esos primeros kilómetros junto al calentón inicial provocaron esa situación.
A todo esto yo no bajaba el ritmo y era totalmente consciente que no podría aguantar mucho más tiempo ese nivel tan alto de exigencia, pero la curiosidad podía contra la coherencia y no me bajé de la burra siguiendo un kilómetro tras otro a ritmo de 3′50” el km. Resoplo, bufo y rebufo. Cierro los ojos y escucho el latir de mi corazón y trato de imaginarme en otro lugar más agradable, o en cuál podría ser la recompensa a tan generoso esfuerzo. Abro los ojos y reaparece plof-plof de mis pisadas acompasado al ritmo marcado por mi respiración. Mi control del ritmo rudimentario. A falta de pulsómetro o cronómetro sofisticado, me bastaba con multiplicar por 4 al paso de cada kilómetro y consultar mi crono. Elegí el 4 para facilitar la multiplicación y hacerme una idea del ritmo que llevaba, ni mucho menos porque fuese el ritmo esperado a llevar, y cuál no sería mi sorpresa al llegar al kilómetro 9 y comprobar que llevaba menos de los 36 minutos requeridos para llegar a esa altura de 4 minutos al kilómetro. Llevaba 35, o sea un ritmo de 3′50 llegando al ecuador de la prueba. No me lo podía creer, pero era consciente de que ese no era mi ritmo, al menos en el día de ayer, y comencé a temer de veras no terminar la Media maratón. El miedo hizo su aparición y eché mano de un reconstituyente de glucógeno que llevaba encima, hecho que hizo que mis acompañantes de viaje se escapasen unos metros. Nunca más los alcancé. Estaba sufriendo una obvia pájara psicológica, que no tardó nada en trasladarse a mi ritmo y mis piernas, comenzando a subir considerablemente los tiempos en los dos siguientes kilómetros.
Oigo música, alzo los ojos y en el horizonte, tras subir un pequeño repecho veo una… ¡romería!. Durante todo el trayecto no paró de salir la gente de sus casas, chalés, coches o huertas para animar a todos los corredores, y desde luego en esa romería no iba a ser menos, pero se me hizo duro ver a toda aquella gente sentada a la sombra cubata en mano y gafas de sol animándome mientras me quedaba sin oxígeno en tan leve repecho. Definitivamente quería parar y las piernas las sentía bastante resquebrajadas… ¿cuánto quedaba?
Como no podía ser menos me rehice de tan mal trago y retomé un buen ritmo que si bien no era tan endiabladamente rápido como el del primer tercio de carrera, me permitiría llegar entero al final y superando mi anterior crono de la Media Maratón de Cáceres. Comencé a jugar con mi mente como acostumbro a hacer en carrera, y fijé mi vista en dos corredores 50 metros delante mía. Esa sería a partir de ahora mi referencia… esos 50 metros, y los 10 que le sacaba al corredor que iba detrás mía, cuyos zapatazos en la arena reverberaban cada vez con más fuerza en mis oídos.
Cada vez quedaba menos, y aunque esa vocecita cabrona que me hablaba en los momentos de debilidad no paró de hacerlo hasta que crucé la meta, sabía que ya había pasado lo más duro y que me había rehecho de la pájara sufrida. Nunca más lejos de la realidad. El corredor al que aventajaba en 10 metros acabó alcanzándome sobre el kilómetro 16 y juntos seguimos animándonos mutuamente y a los corredores que pasábamos (alguno incluso andando a esas alturas). “Tranquilo tío, no te aceleres que este ritmo está genial-me dijo. ¡Aún nos queda lo peor!” Cuánta sapiencia en esas palabras, porque a partir del km 18 comenzaban a notarse las primeras rampas de subida, pero nunca nada comparable a la imagen que se vislumbró ante mis ojos al cruzar el puente y ver la pared que tendríamos que escalar. Sabía antes de comenzar la carrera que estaría allí, esperándonos, como el monstruo de la pantalla final de cualquier videojuego, pero al que nunca sabrás cómo vencer hasta que te encuentres frente a él. Instintivamente bajé mi ritmo muchos enteros y a pesar de los ánimos de mi compañero de viaje, sólo tuve fuerzas para hacerle un gesto con la mano indicándole que siguiese su camino, que mi calvario no había hecho más que empezar. Así fue. Piolet en mano, en los primeros metros de las duras rampas me deshice de la gorra. Me sobraba todo, y si no tiré la camiseta fue por la necesidad de conservar el dorsal y su código de barras. No andaba, pero tampoco corría, era una marcha rítmica que no terminaba en la cima, pues aún quedarían dos kilómetros hasta la meta, y si quería llegar corriendo y no estropear del todo mi tiempo, no podía parar en la cuesta porque después sería incapaz de arrancar. El grito del gentío subía decibelios y cualquier hálito de ánimo se transformaba en una nueva zancada. Al final coroné la cima y sin poder incrementar mucho más el quedo ritmo que llevaba me dirigí hacia la meta atravesando una plaza en la que la gente de las terrazas no paraba de animar. Por fin divisé la meta al final de una larga recta, y una vez más, se repitió el mismo proceso que las dos Medias anteriores ante tal visión. Esbozo de una sonrisa e intención de dejarse llevar por inercia hasta el final, para instantes después picarme con cualquier corredor, en este caso uno que venía detrás y me acababa de superar, y echar el resto en un fuerte esprint hasta la LLegada. Gané ese esprint, y sobretodo gané a esa vocecita interior que me había puteado todo el camino. Al final crucé la meta con un tiempo de 1h 28′ 51” rebajando otros tres minutos mi anterior marca. LLegué jodido lo admito, hasta el punto de que sufrí mareos hasta que pude hidratarme en condiciones, pero sé que en otro circuito, bajo otras condiciones podría haber bajado ostensiblemente ese tiempo, así que continúo superándome y con las ilusiones intactas para la próxima carrera.
20 minutos después, con un tiempo de 1h y 47′ llegaba Fernando, el segundo de la expedición. Tras él llegaban Néstor y Charly. Rafa tuvo que abandonar en el kilómetro 17 con hora y media corridas. Bravo por todos. Somos ya cinco e increscendo. Siento que esto es el comienzo de algo bonito que espero que nos lleve a alcanzar cotas de superación interior.
Por mi parte, mientras siga existiendo esa vocecita dentro de mí, tendré carreras para rato.
Caminante son tus huellas
el camino y nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
Antonio Machado
11 comments Mayo 17, 2009




