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El bebé del sueño

Estoy sentado en el suelo. Postura relajada con una pierna estirada y la otra flexionada y abrazada. Estoy apoyado sobre un biombo de un metro escaso de altura color azul marino. Desconozco quien habla, pero lo escucho con despreocupada atención. Existe un ambiente distendido en un salón repleto de amigos y la gran mayoría observa a quién ha tomado la palabra. En esos instantes oigo ruidos tras el biombo azul y me incorporo con desdén asomando las cejas por encima y cuál no sería mi sorpresa al vislumbrar dos niños. El mayor que no contaría con más de dos años se encontraba haciendo un castillo de arena, sin almenas, al estilo de las torres mochadas de Cáceres por culpa del cubo de plástico usado. Junto a él había un váter y bañándose dentro se encontraba el segundo: un bebé. Ante tal visión no pude menos que incorporarme del todo y justo en ese instante, como por arte de magia, como si el bebé fuese una colilla arrojada al retrete y después se tirase de la cadena, comienza a dar vueltas en un remolino hasta ser engullido ante mis ojos. Me quedo perplejo y en las décimas de segundo que tardo en reaccionar aparece una chica alterada que introduce desesperada su brazo hasta el codo para intentar rescatarlo. No grita. No llora. Nadie se percata en la sala. Me pongo nervioso, y ante la impotencia de ver que la muchacha no encuentra al bebé, la aparto bruscamente e introduzco mi brazo mucho más largo hasta el hombro. Casi siento como me succiona el váter y noto mi oreja húmeda. Estiro el brazo todo lo que puedo y toco las manos del bebé. Agarro una con fuerza y de un tirón limpio saco al bebé de las profundidades. No grita. No llora. Me asusto. Salgo del biombo y me siento en un sofá. Ahora soy yo el centro de atención, pero ante la impertérrita mirada de mis amigos no abro la boca. Recuesto al bebé sobre mi pecho y en ese momento comienza a gritar. Está vivo… y lloro de la emoción. Miro a la chica situada en segundo plano, apoyada en una esquina de la sala y descubro, por intuición que no es su madre y en ese momento me despierto sobresaltado, una vez más esa noche.

¿Qué ha sido esto? ¿Qué coño significa este sueño?¿Ha sido producto de la acumulación alcohólica-psicotrópica de dos días de feria?¿La influencia de ver a mis mejores amigos con sus bebés en brazos?¿Obsesión por acordarme de bajar la tapa del váter? Sea lo que fuere, llevo un par de días sin poder quitarme este sueño de la cabeza. Breve pero intenso, me permitió pasar del asombro al susto, del susto al miedo y del miedo a la acción, para volver al pánico y acabar con una intensa emoción de felicidad.

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7 comments Junio 2, 2009

Confusa Trinidad

Llegas a casa ebrio y cachondo, porque la amiga que vilmente te acaba de emborrachar hace rato que te dejó con un beso en la mejilla en la esquina de tu calle y estará llegando a su casa. Un amigo te saluda desde el sofá cuando irrumpes en el salón para acto seguido continuar roncando, y sólo se distingue la luz del pasillo, así que como no tengo sueño me siento delante del ordenador y me pongo a escribir. Quizás hubiese sido más práctico poner algo de porno, hacerme una paja e irme a la cama, pero lo que realmente me apetece, Jou, es escribir. Me importa un bledo el fondo y menos la forma, tan solo escribir. Ni si quiera me he despojado de mi abrigo, ni del sombrero negro de patriarca adquirido à Paris, ni del fular, ni del calentón. Realmente no estoy tan borracho, bien pensado hasta sereno estoy qué cojones.

La Santísima Trinidad se ha personificado en mí: Cabeza, Corazón y Polla, que si bien deberían ser tres en uno, hoy son más independientes que nunca. Un libre albedrío que me incomoda al no saber quién gobierna el castillo. ¿Qué es lo que quiero? ¿Quién manda hoy? Difícil respuesta cuando el engrasante que fluye entre las piezas no es la sangre, ni mi espíritu, sino alcohol. Pero no un alcohol cualquiera, un tinto color del rojo picota al rojo rubí, muy parecido a la sangre y que hubiese dado el pego irrigando a la Santísima Trinidad, pero que a estas alturas de la vida, a ninguna célula de mi cuerpo engaña siendo reconocido al instante como un buen Ribera del Duero. 

¿A quién debería escuchar?

¿Cabeza?¿Corazón?…

2 comments Enero 3, 2009

Regreso del Averno

Palpitan mis neuronas mientras el alquitrán me corroe los alveolos pulmonares. La sangre, cada vez más espesa, obliga a un inexorable sobre esfuerzo del corazón por hacerla llegar a cada rincón de mi cuerpo, visitando luctuosos miembros antaño palacios de ensueño. Un fuego fatuo emana de mi ser y tiñe la habitación de un bonito color esmeralda. ¿Estoy despierto o dormido?¿Soy yo la aurora boreal?. Erecciones intermitentes me devuelven a la vida. Mi bálano toca el tambor siguiendo el ritmo marcado; mientras el cerebro tumefacto fricciona con violencia en la cavidad craneal a cada giro de cabeza. Las sábanas me engullen… me devoran sin piedad digiriendo poco a poco cada milímetro de mi piel y me empequeñezco. Trato de recordar pero el humo del tabaco nubla mi mente. Intento parar el bamboleo de mi universo sujetando la cabeza con ambas manos y vuelvo a abrir mis ojos humedecidos en alcohol. Las luces ya no están y la cama ha dejado de tambalearse. Exangüe, Exhalo una bocanada de aire putrefacto, hálito mortal para quién me acompañe en la barca, pero estoy solo y salvo que las sábanas hubiesen devorado a mi amante antes que a mí, anoche volví a invocar un conjuro para olvidar, convertirme en sapo y regresar reptando hasta casa… sin compañera de viaje. Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

4 comments Noviembre 30, 2008

Redondilla a la rEsaKA

Tras la resaca de las elecciones Norteamericanas, los cuatro goles de Etóo e Higuaín, y sumidos en plena crisis para algunos económica, para muchos existencial, toca ahora comenzar una nueva semana con energía y superar la resaca de un fin de semana loco loco.

A veces me pregunto si es normal que sigamos cogiéndonos esas cogorzas tan gordas (y a veces tan divertidas) los fines de semana, si tengo algún tipo de solución o soy muy mayor para cambiar, si esa autodestrucción hedonista nos lleva a alguna parte, si soy compulsivo por naturaleza o es una actitud pasajera motivada por algún desengaño amoroso, si se trata de buscar un equilibrio entre lo mucho que me cuido durante la semana para tirarlo todo por la borda el sábado, si mi situación de NINJA (No Income, No Job, No Assets), JASP (Joven Aunque Sobradamente Preparado) y SOLTERO, favorece ese mal hábito o si ha sido el entorno y su cultura botellonera la que me ha ido modelando en el devenir de los años. Reflexiones matutinas que afloran en mi cabeza sorteando ciénagas de vino, cerveza y White Label un lunes por la mañana mientras la gente normal, entre la que ya no sé si incluirme, lucha de forma denodada por no venirse abajo y aguantar estoicamente el resto de la semana hasta que llegue el jueves y se acuesten con el pensamiento de que por fin la semana acaba dando lugar a sus dos días de libertad.

A base de implementar un hábito, se puede llegar a perfeccionarlo con el transcurso del tiempo, y eso es lo que indefectiblemente me ha ocurrido con las resacas de los domingos, hasta tal extremo, que puede llegar a convertirse en une estado adictivo, en el que la calma y la indiferencia construyan una burbuja protectora en la que sólo se escuche el eco sordo y lento del latir de tu corazón, y donde te sientes seguro e inalterable. La presión ejercida por ciertas partes inflamadas de tu cerebro sobre el cráneo o la hinchazón de las venas en tu frente, la deshidratación de tu cuerpo que te seca pegando el pellejo a tus músculos doloridos sin saber muy bien por qué te duelen, las lagunas mentales en las que buceas bajo una sensación de haberla liado en algún sentido la noche antes y no recordar cómo ni por qué, todos estos síntomas dan paso, una vez implementado y perfeccionado ese hábito, a un estado comatoso de encefalograma plano, reservado tan sólo para los más virtuosos y al que a nadie recomiendo llegar. Es por eso que hoy lunes doy la bienvenida a la semana despidiendo a la anterior con una Redondilla a la rEsaKA:

Resaquita, resaquita

que los fines de semana

de un güiscazo sé que emanas

para dejarme sin guita…


fresquita, muy fresquita

va recorriendo el gaznate

volviendo mis ojos granates

una rica cervecita…


mientras pienso en el mañana,

buscando el camino al servicio

sabiendo que es el inicio

de un día entero en la cama

 

No rehuyo pues asumo

la jodida consecuencia

que tiene todo el consumo

que me altera la consciencia”

 

Aspirina de Nihilismo,

que de forma incongruente

obliga a beber a la gente

para huir de tanto cinismo


hasta quedarnos dementes

hasta perder el sentido

que como dijo un amigo

que camines, o revientes


Quién dijo miedo habiendo

hospitales cerca de casa.

Pa poca saludo ninguna!

Redondilla a la rEsaKA.”

(PDT: Huelga de Informáticos el 19 de Noviembre.)

5 comments Noviembre 10, 2008

Madrid, ¡Ay qué bonito es Madrid!

A lo largo de la historia, muchas son las grandes ciudades que han zozobrado ante diversos desastres naturales. Un claro ejemplo de ellas son los terremotos de Lisboa (1775) y San Francisco (1906) con sus posteriores incendios, o los grandes incendios de las ciudades de Londres (1666) y Chicago(1871). El sismo de Lisboa vino acompañado de un maremoto que hizo desaparecer la ciudad bajo las aguas, y su huellas alcanzaron a muchas ciudades españolas e incluso europeas (aún recuerdo a una guapa guía achacando a dicho terremoto grietas en la fachada de la catedral de León). El de San Francisco tiene su clara explicación en la situación de California en la falla de San Andrés, y los incendios de Londres y Chicago, por la desorganización para la creación de cortafuegos la primera, y por la arquitectura de la ciudad (siguieron los consejos del segundo de los cerditos y construyeron sus casas de madera) la segunda.

Desgraciadamente, el fin de semana pasado (4,5 y 6 de Octubre del 2008), otro incendio de dimensiones colosales arrasó la capital de nuestro querido país. Pero al contrario que las anteriores catástrofes, esta vez la culpa la hemos tenido un grupo de irreductibles hordas bárbaras. Todo comenzaba en la Plaza del 2 de Mayo, erigida en honor al levantamiento de Madrid para expulsar a los Franceses, agrupando en la actualidad una buena zona de marcha donde nos tomamos unas birras mi amigo Charlin y yo, junto con dos nuevos insurrectos conocidos esa noche: Javi, Ingeniero Industrial que casualmente trabajaba en una fábrica de cerveza y nos tuvo que llevar a su casa para hacer una cata selecta, y Gon, de Gonzalo, Dj de Drum&Bass, que se perdió dicha cata. La noche era joven, las estrellas iluminaban nuestro camino, y tras nosotros comenzábamos a dejar encendida la mecha que acabaría arrasando la ciudad.

El recorrido (obviando los detalles, que se entierran en la noche) comenzó, tras esa cata de cervezas especiales que jamás había probado, por una visita al Contraclub, Un club de puta madre de Bailén, con buena música y gente guapa. Nada de niños. Para aquél entonces el globo era considerable, y el descontrol también. Yo me perdía por el garito con mi gorro, unos Docker a rayas de pitillo, un polito azul y unos.. ¿ZAPATOS?. jojojo, con semejante figurín el cachondeo estaba asegurado, y tras charlar con una tía que acababa de quitarme el gorro, sobre mi supuesta inteligencia por decir “cupiese” en lugar de “cabiese”, ya que según ella la mayoría de la peña del bar no sabría decirlo (mira que hay que ser tonta del culo) y repasar El Proceso de Kafka, me di cuenta de que la subnormal no estaba demasiado bien de la azotea cuando me preguntó si había leído a Proust. Valiente conversación a esas horas de la noche. Me rallé, la dejé con la palabra en la boca y fuí al rescate de mis amigos. Irremediablemente acabaron echándonos de allí, con lo que tuvimos que Afteragüear los tres mosqueteros.

Nos dirimos a La Noche, antro perdido en no sé donde, y a la salida del garito ya estaba el primer equipo de combate formado: María, rubia de ojos azules y madre de una niña a la que más tarde perdimos (¡por cierto con mi gorro!); Mamem y Javi, matrimonio puretas, él clon de Corbacho y profesor de universidad y ella una tía de puta madre y probablemente la más cuerda del equipo. Salimos de La Noche, como no podía ser menos, de día, y para aquel entonces el siguiente destino era O Moinho, Cafetería del centro cerca de Plaza de España y que al parecer reúne a todos los perdidos de esas horas. Allí y hasta que nos volvieron a echar (¿joder de una cafetería?), nos dio tiempo a incrementar el grupo con los fichajes de Sergio, Torres, Julito y no se cuantos más que seguían con todo su “hostiazo” el contoneo de María por la calle, mientras avanzábamos al siguiente destino: Moñar. Ahora sí, bar ocupado sólo por nosotros, donde nos pudimos poner bien agustito de birra, platos de cocido, boquerones fritos, o lo que la señora nos ofrecía, básicamente a Mamen y a mí, porque otros, como Julito con su desencaje de mandíbula, estaban para pocos boquerones.

Casi en Gran Vía, superando ya el medio día, decidimos continuar con nuestro plan terrorista por la Latina y el Rastro. No resultó difícil: bonito día soleado, gente por todas partes, y nosotros sin hacer el más mínimo esfuerzo por disimular nuestra condición de terroristas pirómanos atacados por una sensación de hedonismo histriónico que dejaba huella allá por donde pasábamos. Nuestras dos primeras bajas fueron María y Julito. La primera bailando por Gran Vía con mi Gorro, el segundo tras ella flotando y cantándole lo mucho que la quería. Valiente espectáculo. Una vez en la Latina la cosa fue de terrazas. A jarrita por cabeza y terraza, fuimos dejando miguitas de pan para todo aquel que quisiese encontrarnos hasta acabar en el Toma que Toma, donde las tapitas por momentos nos hacían recuperar la cordura. Falsa alarma, allí nadie iba cuerdo, y prueba de ello es que esta vez sí, nos echaron de allí a porrazo limpio los municipales, de lo que me alegro profundamente porque salvaron a mis colegas de la ira de un clan gitano que llevaba ese garito y los 50 de alrededor. Por suerte me libré de todo el jaleo (como no, me encontraba pidiendo para variar más cerveza en la barra en esos momentos) y aquí tuvimos otra nueva baja, la de Javi, gambita profesional, liante-buscador de problemas, quién corrió como alma que lleva el diablo hasta el fin del mundo y del que nunca más se supo.

El grupo se reducía y las horas pasaban, habíamos pateado todo el centro de Madrid, el sol continuaba con su ascensión paulatina, y las fuerzas comenzaban a hacer mella en el grupo, pero aún así allí estábamos Sergio, Mamen, Javi (Corbacho), Charlin y yo tomándonos unos cubatas en otra terracita alejada del clan gitano. Faltaban pocas horas para coger mi autobús de regreso a Cáceres, pero la gente no podía más. Deserción total ante la llegada de los Geos por el incendio provocado, y en estas nos vimos Sergio y yo en su casa con unos litros de cerveza (hay que ver lo rica que está la jodía). ya eran las 19:30, e inconscientemente me relajé con lo que la pérdida de mi autobús fue provocada. Aún nos quedaron fuerzas a ambos para un mano a mano hasta las 3am del lunes, y sólo Dios sabe que ocurrió para que no acabásemos en el Weekend quemando nuestros últimos cartuchos (bueno Dios y los cajeros de Madrid que comenzaban a estar aburridos de que fuésemos a visitarlos). Así que en cuanto tuve un poco de cordura a mimir unas horitas en el sofá de Sergio, y volar con lo puesto y una empanada mental considerable hacia Méndez Álvaro para desparramarme en el primer autobús con destino a Cáceres. Gracias a Dios todos acabamos incólumes de lo acaecido, y la pulisía no tiene rastro de los pirómanos. Os hago cómplices… pero no se lo contéis a nadie, que ya son muchas y nos estamos haciendo mayores.

“¡Quién dijo miedo habiendo hospitales!” Jorge Zapico

2 comments Octubre 8, 2008

Fiesta Eklektika de los 80’s

El Sábado por la noche me reuní con mis amigos en mi piso para celebrar una fiesta ochentera que estuvo genial, aquí dejo alguna prueba del delito…

 

Dejad de comeros la olla… y que os coman más la polla”. Andrés González.

9 comments Septiembre 30, 2008


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