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Para quienes conocen el secreto
Eres el calcio, el potasio, el fósforo, las Vitaminas A,B,C,D y E que necesita mi corazón. Eres la luz sin polarizar, el albedo, la reflexión total de un cable de fibra óptica directo a mi retina. Eres intrépida y aventurera, con la capacidad necesaria para distinguir un oasis en el camino y pasar de él, directa a tu destino. No eres vendedora de palomitas, no eres una más. Los de nuestra especie nos reconocemos enseguida, vagando por el mundo, buscando. Tú ya has encontrado lo más difícil: conoces el Secreto, descubriste la verdad, y ahora es sólo cuestión de tiempo terminar el plan trazado para ti hace ya 30 años. Cuando se conoce el destino las zancadas son de siete leguas. Eres pura vocación. PQMFOV. Alardeaba de mi paciencia hasta que te conocí y me descubriste el verdadero significado de esa palabra. Sincera y directa… ¡feliz!, porque no permitirás que las cosas que te aparten de la felicidad se interpongan en tu camino. Seguiré aprendiendo de tí. A fin de cuentas… sólo queremos que nos quieran.
8 comments Septiembre 9, 2009
El Trovador
Aviso para navegantes: Sé que muchas de las cosas que he podido escribir estos meses buscaban cuanto menos provocar. He vomitado sentimientos, vertido sensaciones parte o no de mi vida y cualquier tipo de paja mental que me ha apetecido plasmar en esta bitacora que no deja de ser un enorme puzzle al que necesito agregar mis eclécticas piezas para seguir la senda de un camino que comencé hace ya 8 meses un 11 de septiembre. Si las piezas, personales o no, las coloco yo, el pegamento lo ponéis vosotros, todos aquell@s que contribuís esporádicamente o no a la construcción de este puzzle.
Pero hay veces, que escribo por el mero placer de escribir. No son muchas, por desgracia, porque para ello hay que disponer de tiempo y ganas, y si de lo primero en los últimos tiempos me sobra, de ganas e inspiración cuando nimias preocupaciones obstruyen mi mente, no tanto. Es en esos momentos cuando me apoyo en algún tipo de vivencia, recuerdo, o cualquier cosa que haya visto en la tele, leído en un periódico o escuchado a algún amigo en cualquier tertulia para inventarme una historia y contar un cuento en el que el protagonista no tengo por qué ser precisamente yo. En alguna sí, pero en otras muchas NO. Simplemente historias desarrolladas al tirar de un hilo, en las que el desenlace final poco tenga que ver con ese agujero negro inicial.
También soy consciente de la imagen que gente que me conoce tiene de mí, y de los roles que he ido asumiendo en muchos de mis entornos sociales más cercanos, y el gran culpable de dicha imagen soy yo. Pero no querría que la gente se quedase en esa imagen, porque aunque pueda resultar un caparazón duro el que me protege, es fácil de rasgar. Porque me siento culpable por alimentar con gilipolleces que escribo esa imagen que otras veces detesto de mí. Porque me canso también, como todo el mundo. No culpo a nadie salvo al que os escribe estas palabras que no es más que un memo por haber realimentado estas situaciones a lo largo de los años.
Sé que para variar muchos no se enterarán de nada y no les culpo, pues la confusión que me emborracha me empuja a tratar de plasmar sentimientos entremezclados ilegibles incluso hasta para mí, pero un poco por todo esto, o quizá un mucho por nada, es causa y consecuencia a la vez de que le haya causado daño a mi chica, porque para los que no lo sepan, la tengo. La confianza se la ha de ganar uno a pulso, y hasta en eso he perdido fuelle en los últimos tiempos. Con todo esto sólo quería dejar claro que a veces, los trovadores, los cuentacuentos, se limitaban a mantener vivas tradiciones orales ancestrales en fogatas milenarias, y que dentro de esta nube virtual, me permito el lujo de trovar, de dejar volar la imaginación e inventar todo tipo de situaciones o personajes, sin que tenga que ser yo, aunque siempre serán… parte de mí.
12 comments Mayo 14, 2009
Amor fugaz en el Metro de Madrid
¡Por los pelos! entras corriendo en el tren cargado de maletas esquivando el cierre de puertas como un running back de la NFL y allí está ella, en el otro extremo del vagón. Botas de piel marrón, vestido hippy ajustado a su contorno a juego con las botas y una melena castaña tapando el escote de la espalda. La gente aprovecha para leer, dormir, despertarse o ir aclarando su mente camino del trabajo, pero el silencio invade ese vagón del Metro de Madrid a tan intempestivas horas de la mañana. En ese instante, mientras me abordan tan banales pensamientos, nuestras miradas se cruzan fijamente sin que ninguno de los dos las aparte. Me intimido y un escalofrío recorre mi piel. Su belleza es tal que un aura emanaba de su ser, nimbando su silueta y focalizando toda mi atención en ella parada tras parada. El silencio, tan solo entrecortado por el chirriar del tren por los raíles, no impide que hablemos a gritos con las miradas. Volvemos a cruzarlas pero esta vez ninguno de los dos se amedranta y las mantenemos hasta el infinito, a perpetuidad. Un leve suspiro, un mordisco en el labio, un parpadeo, siempre a cámara lenta, estrecha un lazo entre ambos que deja patente una atracción que atenta contra las leyes de la física. Mi respiración, entrecortada; mi ritmo sanguíneo, acelerado. Cierro los ojos por un instante convertido a eternidad en otra realidad paralela y me imagino rodeándola entre mis brazos, besándola con pasión. La brusca parada del tren ante una nueva estación me saca del estado de trance, descubriéndola frente a las puertas del vagón. Ella ha llegado a su destino, a mí aún me queda un mundo por delante. Volvemos a mirarnos y nos amamos un último instante con miradas emanadas de lo más profundo de nuestros seres. No reacciono. Se cierran las puertas y ella se queda de pie en la estación. El tren arranca. Continúo sin reaccionar. Me alejo poco a poco y voy recuperando la consciencia. La gente está leyendo, dormida, o desperezándose para comenzar una nueva jornada laboral. Continúa el silencio resquebrajado tan solo por el vaivén de un vagón del Metro de Madrid.
6 comments Abril 11, 2009




