Yo, como tantos otros y sin que ello delate mi edad, fui un conspicuo afortunado que vivió la época dorada de su ciudad en cuanto a fiesta se refiere.

…Pero las tinieblas cubrieron los cielos y 7años de plagas y sequías asolaron nuestro pueblo.

La primera de ellas arrasó con el Botellón oriundo de nuestras tierras. Recorte de libertades comprensible si uno se paseaba por la Plaza Mayor de “mi pueblo y se encontraba una marea blanca de bolsas de plástico, botellas de cristal rotas y un almizcle intenso, producto de orines y vómitos.

Imagen del Ferial después de un botellón. (diario HOY)

Sin ser mi pretensión hacer una apología del alcohol o las drogas, y rechazando públicamente el consumo de éste por menores; sé que el botellón tenía una componente social muy fuerte (digna de estudio) y por ello siempre lo apoyé, porque creo que la prohibición y la restricción de libertades no es una solución a medio plazo de los problemas. Quizá sea un iluso, un ingenuo al creer que la clave no está en la prohibición, sino en la educación.

¿Meaba la gente en la calle? Sí; pero ante tan execrable acción, se podrían haber habilitado servicios públicos, permitir que los hosteleros que tanto se quejan ahora, hubiesen permitido a la gente orinar en sus bares y multar con mano férrea a todo aquel que fuese pillado in fraganti.- En el pueblo existía por aquel entonces un único servicio público para miles de personas que casualmente los días de botellón estaba cerrado-.

¿Se dejaba la basura esparcida por los suelos? Sí; pero se podrían haber creado unas infraestructuras necesarias con más contenedores, trabajadores de limpieza, y multando a todo aquel que también dejase su botellón en la calle. Educando, no prohibiendo, porque la prohibición a los jóvenes no los somete, los exalta, llenando su interior de rabia y odio, tal y como se pudo comprobar en los serios incidentes y altercados, dignos de alguna película distópica u apocalíptica (Mad Max), producidos en mi pueblo como protesta ante la Maldición de plagas y sequías que nos asolaba por aquellos días. A base de golpes… o pelotazos de goma, tuvimos que aprender. Y así acabó la corta de vida de un movimiento social que surgió en la década de los noventa y que no tardó en expandirse por toda la península y parte del extranjero.

La siguiente plaga, recortó la hora de venta de alcohol a las 22:00h, surgiendo consecuencias tan absurdas como que si me reunía con tres amigos para echar un mus, en esos veranos tan soporíferos del pueblo, y mandaba a uno de ellos con sus 28 años a que comprase en la gasolinera más cercana unas patatas fritas y un litro de cerveza helada, no se los vendían. ¿Así se pretende que un menor no consuma alcohol?¿Acaso no se lo puede comprar cualquier amigo mayor de edad antes de dicha hora?

Se nos prohibió estar en la calle, pero visto que aún seguíamos saliendo, se decidió entonces cortar por lo sano y prohibirnos estar también en los bares, con recortes de horarios tan drásticos que invitaban a todos a quedarnos en casa viendo los sábados por la noche Salsa Rosa. Pero haciendo gala de nuestras ganas por superar los problemas, la gente decidió quedarse en sus casas, haciendo fiestas y pasándoselo bien con sus amigos, pero… también amputaron esa posibilidad y el peso de la ley cayó con dureza sobre todos aquellos jovenzuelos revolucionarios y contestatarios que nos atrevimos a levantar nuestros puños contra tan clamorosa injusticia. Aun así y volviendo a la realidad de la que provenimos, esa minoría arcaica y retrógrada venció de nuevo obligando a muchos de nosotros a un inexorable éxodo.

Los bares comenzaron a cerrar en masa. La marcha se limitó a tres de ellos con licencia especial para cerrar un poco más tarde (¡monopolio!), pero en los que se hacía imposible entrar sin contar con la incomodidad de tal masificación y los peligros derivados de esos zulos en los que nos encerraban. Los chavales de 14 a 20 años se iban en tropel con autobuses pagados por el ayuntamiento al Recinto Ferial, situado a las afueras, a emborracharse como cubas allá donde no los pudiésemos ver para que nuestras conciencias estuviesen limpias, sin nada más que sus cubatas y campo alrededor para echar la pota a gusto.
Y los que no teníamos 14 años para irnos al Ferial a emborracharnos y matarnos luego con el coche, o no conseguimos entrar nunca en esos 3 bares del monopolio bien por su masificación o bien por nuestras zapatillas, nos conformamos con la gran oferta de conciertos y espectáculos que había en la ciudad…¿¿?? es broma, ya que obviamente esa gran oferta era nula, cero, inexistente, el más absoluto vacío.

El pueblo, hasta el día de hoy, pertenece al  Sector Servicios. No tenemos Industria de ningún tipo, y lo que podemos ofrecer mayormente son servicios para sus habitantes y los turistas (turismo por cierto nada explotado).¿Qué queda de nuestro pueblo sin su Universidad?  ¿Qué queda de la Universidad sin sus jóvenes alumnos? Y por ende ¿Qué queda del pueblo sin los jóvenes? NADA. Un pueblo muerto y abocado a una agonizante y exangüe extinción.

Aquí no había libertad, ¡había libertinaje! No se puede permitir que este pueblo fuese Gomorra, con horarios ilimitados de cierre, infinitas licencias, macrobotellones, y todo ello permitido desde las altas instancias durante muchos, muchos años, para dar un giro de 180º y quitarnos todo de un plumazo. ¿Acaso se quiso promover en los 70 la llegada de estudiantes jóvenes a la recién inaugurada Universidad?

Pues bien, ya han pasado los 7 años de plagas, hambrunas y sequías, producto de la maldición de alguna meiga u oráculo tras la visita de algún político inoperante; y aunque las ubicuas tinieblas continúan subyugándonos, se comienzan a ver haces de luz, esperanzadores, tras años de impetradas oraciones, pequeñas jaculatorias que parecen haber sido escuchadas por alguien en las alturas del monte Olimpo.

Dichos rayos de Luz aparecen en forma de conciertos tanto al aire libre como en locales, en cantidad y calidad sólo comparable a la edad dorada de la Movida en nuestro pueblo. Es por ello que un quedo entusiasmo me embarga. Y desde aquí os animo para que os lancéis a las calles, a las plazas, o a los bares donde suene la música, que la disfrutéis, que os dejéis llevar por su melodía. que gritéis, bailéis y sintáis la energía reprimida correr por vuestras venas, y que demostréis a los que dirigen nuestro barco, que esta vez sí, llevamos el rumbo correcto.

“There is no way to happiness…happiness is the way.” Buhda.

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