La generación Y es la sucesora de la generación X y se refiere a personas nacidas a partir de 1982, y aunque por mi edad podría encajarme en la generación anterior (ando a caballo entre ambas), por lo que me ha tocado y toca vivir en la actualidad me siento totalmente identificado con la “Y”.

Esta es la generaición de la caída del régimen soviético, de la era de la Internet, del 11 de septiembre, de las guerras del Golfo, Afganistán, Irak o el auge de la telefonía móvil. Pero también es la generación de los mileuristas y de los universitarios. En los tiempos de mis padres, estudiar una carrera no sólo te garantizaba un puesto de trabajo bien remunerado, sino que te daba cierto estatus social en una sociedad que entraba en la democracia y donde no todo el mundo tenía acceso a los estudios universitarios. Ahora TODOS tenemos una carrera universitaria, idiomas, masters, preparación, y a pesar de poseer una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, lo que implica una pirámide invertida en la que unos pocos tendremos que sostener sobre nuestros forzosamente robustos hombros el peso del sistema, de un país más envejecido, de las pensiones; donde supuestamente debería haber más puestos de trabajo para dichos jóvenes, nos encontramos con titulados universitarios emigrando al extranjero para poder realizarse profesional y económicamente, o trabajando en un McDonalds siendo licenciados o ingenieros.

Yo nací en 1978, el año de la constitución, y en aquellos tiempos el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades del sueldo un peón de obra: 38.000 ptas/mes x 14 = 532000ptas (para los de la generación Y tardía: 3197,38 Euros). En la actualidad, una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades de un sueldo de un Ingeniero Informático (unas 200.000ptas, 1200 Euros).

175 mensualidades x 1200€ = 210.000€ (35.000.000 ptas)

Por lo tanto, a día de hoy, y según estas cuentas, necesitaríamos cobrar 2.5millones de pesetas mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres a la hora de comprar una vivienda, y todo ello a pesar de que en el artículo 47 de la Constitución Española se deja bien claro que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Pues a mí que me lo expliquen.

Por lo tanto una generación preparada pero cobrando los sueldos más bajos de la historia. Sí, somos los bien llamados “mileuristas”; pero pretendemos alcanzar las cotas de nuestros predecesores jugando en desigualdad de condiciones. El listón está muy alto… y la frustración… también.

Latigazos

Latigazos

Pues por si fuese poco, existen dos modalidades de contratos laborales que conozco muy bien y que no dejan de sorprenderme, y no porque la ley esté mal hecha, o por el tipo de contrato, ya que teóricamente están bien planteados y tienen su razón de ser, sino por su mal uso por parte de empresas y empresarios, y por su poca o nula vigilancia  a la hora de cumplirlos por parte de la administración, ya que se hacen pocas inspecciones, y cuando se hacen TODO el mundo sabe que viene el inspector.

El Contrato de formación en Prácticas, está pensado para aquellos chavales recién salidos de la universidad (dentro de los 4 años posteriores a la finalización de los estudios) y que todavía no tienen experiencia laboral. En ese caso, y a cambio de una formación constante, un empresario puede contratar a un trabajador, pagándole un 60% del sueldo el primer año, y un 70% el segundo, puesto que sólo se permite este tipo de contrato por un máximo de dos años. Ahora eso sí, como mínimo un 15% del tiempo tiene que ser de formación. Todo el mundo sabe que esto no es así. Bastante triste es tener que enfrentarse a la vida actual con unos sueldos de mierda, como para que termines una carrera con una preparación de la hostia y te tengan 2 años jodido cobrando un sueldo más paupérrimo aún; porque la formación te la dan en un mes con un curso, y las pilas te las has puesto en 3… ¿y los otros 20 meses? realizando el mismo trabajo que un trabajador indefinido, con las mismás responsabilidades, con muchísima más ilusión puesto que suelen ser los primeros trabajos y los chavales nos comemos el mundo en dichas circunstancias (y los empresarios lo saben bien, y como explotarnos) pero con un sueldo mucho más bajo.

Con los contratos por obras y servicios ocurre algo parecido, ya que su objeto es la realización de obras o servicios determinados con autonomía y sustantividad propias dentro de la actividad de la empresa cuya ejecución, aunque está limitada en el tiempo, es de duración incierta. Dicho de otra manera, si necesito que para mi fábrica de pipas me hagan una página Web, contrato un tío para esa obra y que me haga dicha página web, no para que cuando deje de trabajar en la web, se ponga conmigo a hacer pipas. Aquí lo que ocurre, como en el anterior caso, es que un trabajador llega a una empresa con un tipo de contrato, y luego se hace lo que al empresario le sale de los mismísimos cojones, que viene siendo algo así como saco el látigo, te fustigo un poquito porque sé que los de la “generación Y” sois un poquito sadomasoquistas y os encanta que os den por el culo, vas a trabajar las horas que yo diga y como yo diga. Y aunque en ocasiones como ahora, me exalte un poco, y aún siendo consciente de que en las pymes no suele ocurrir así, desde luego en muchas grandes empresas es lo que ocurre, porque además saben que aunque los chavales se cansen de trabajar, explotados por una mierda de sueldo, siempre tendrán una fuente casi inagotable en las universidades para seguir recolectando recién licenciados a los que “formar” por 600 míseros euros.

¡Y encima, digas a quién se lo digas, todo el mundo tiene la equivocada idea (meme jodido donde los haya) de que tiene que ser así! ¡que los principios son duros y que ahora interesa aprender! ya… y una mi…

Per no nos quejemos más. Lamentarse no sirve de nada y estas son las cartas que nos han tocado. O te has guardado un As en la manga, o las juegas lo mejor que puedas, pero eso no implica que no veamos lo que está ocurriendo y que no lo podamos denunciar. Una vez más, este sistema al margen del cuál es difícil subsistir, apesta; pero si arrimamos todos el hombro, quizá, la “Generación Z”, pueda disfrutar de un mundo mejor.

“Trabajar no debe ser tan bueno cuando te pagan por ello”. Mi hermano Gabri

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