Palpitan mis neuronas mientras el alquitrán me corroe los alveolos pulmonares. La sangre, cada vez más espesa, obliga a un inexorable sobre esfuerzo del corazón por hacerla llegar a cada rincón de mi cuerpo, visitando luctuosos miembros antaño palacios de ensueño. Un fuego fatuo emana de mi ser y tiñe la habitación de un bonito color esmeralda. ¿Estoy despierto o dormido?¿Soy yo la aurora boreal?. Erecciones intermitentes me devuelven a la vida. Mi bálano toca el tambor siguiendo el ritmo marcado; mientras el cerebro tumefacto fricciona con violencia en la cavidad craneal a cada giro de cabeza. Las sábanas me engullen… me devoran sin piedad digiriendo poco a poco cada milímetro de mi piel y me empequeñezco. Trato de recordar pero el humo del tabaco nubla mi mente. Intento parar el bamboleo de mi universo sujetando la cabeza con ambas manos y vuelvo a abrir mis ojos humedecidos en alcohol. Las luces ya no están y la cama ha dejado de tambalearse. Exangüe, Exhalo una bocanada de aire putrefacto, hálito mortal para quién me acompañe en la barca, pero estoy solo y salvo que las sábanas hubiesen devorado a mi amante antes que a mí, anoche volví a invocar un conjuro para olvidar, convertirme en sapo y regresar reptando hasta casa… sin compañera de viaje. Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

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