(Por Antonio Escohotado).

El arbusto llamado en Perú del coca es una planta que puede alcanzar dos metros largos de altura y se adapta a suelos arcillosos, con temperaturas medias de 20 grados. Rinde entre 50 y 100 gramos de johas secas tres veces al año, y en cada hectárea se cultivan unas 15.000 plantas. Por media, las hojas contienen un 1% de cocaína. La planta ejerció notable influjo sobre muchas culturas nativas, y trató de ser monopolizada por los incas para uso palaciego (como sucedería siglos después en la corte Manchú con el opio).

Tras una anatema inicial de los eclesiásticos, que tenían por “apóstata“, el consumo de coca, las rentas derivadas de tasar el tráfico hicieron que la corte española reconsiderase el asunto; en 1573 el virrey Franciso de Toledo trasnforma la prohibición en gravamen fiscal, decretando que diezmo del mismo pasase a las sedes episcopales de Lima y Cuzco. Desde entonces, la planta no deja de ganar en prestigio gracias al testimonio de viajeros, botánicos y terapeutas, hasta el punto de considerarse un maravilloso tesoro de la materia médica. A principios de siglo más de cinco mil patentes farmacéuticas occidentales usan extracto de coca como ingrediente básico; entre estos productos destacan los vinos y licores del doctor Mariani (condecorado por el Vaticano porque “apoyaban el ascético retiro de Su Santidad”) y la Coca-Cola Co., que usa tan sólo uno de sus alcaloides (cocaína) reforzado con extracto de cola.

Factores extrafarmacológicos -identificables finalmente con la prohibición de la cocaína, que Estados Unidos decreta en 1914- someterán la planta a un proceso de satanización gradual. Repasando la literatura científica sobre efectos psicofísicos, no se observan hallazgos que modifiquen lo establecido en otro tiempo sobre sus virtudes; pero ya no aparece en las farmacopeas como tesoro de la materia médica.

Por lo que respecta a la población indígena, el arbusto constituye para bastantes un don de Pacha Mama (la madre tierra) al ser humano, sin el que resultaría imposible soportar las penalidades del trabajo y la desnutrición. Las hojas se mascan unidas a cenizas vegetales, conchas molidas o cal, cosa inexplicable hasta descubrirse que ese acompañamiento libera los alcaloides y acelera su entrada en la corriente sanguínea. Cuando un niño ha aprendido a mascar -hacia los ocho años- se considera que ya es capaz de trabajar. También resulta interesante que la masticación ocurra ante todo en los nativos más humildes (57% de varones y 43% de hembras), cuyo porcentaje sobre la población total se acercaba al 11% de los adultos peruanos y bolivianoes hace unos años. Aunque las mujeres indias también consumen, es costumbre entres ellas considerar que el gusto del marido por la coca deber moderarse antes de lograr descendencia suficiente; en otras palabras, consideran el fármaco como una especia de rival, y las tradiciones masculinas tampoco desmienten semejante criterio, pues a su juicio los primeros años de hábito aumentan la lujuria, pero a la larga el interés sexual desaparece.

Las hojas de coca ocupan en ciertas culturas indígenas actuales de Sudamérica un lugar complejo, que combina las funciones desempeñadas en nuestra cultura por el café, el tabaco, la aspirina y el bicarbonato sódico. Lo único que falta en esta precisa enumeración de usos terapéuticos y festivos es el aspecto alimenticio, porque 100 gramos de hojas contienen un promedio de 305 calorías, 18,5 de proteínas y 42,6 de carbohidratos, así como la cantidad diaria recomendada por la OMS de calcio, hierro, fósforo, ribofalvina y vitaminas A y E, con cantidades menores de vitamina C. Tras experimentos que han pasado del caracol a diversos monos, no se conoce todavía un animnal que rechace el consumo de este tónico, y tamopco sabemos de ninguno consuma sin moderación; las llamas y vicuñas, por ejemplo, jamás superan la cantidad mastaicada por su pastor o dueño. En justa correspondencia, no sabemos de ninún pastor que haya exedido la dosis precisa para sobrellevar con eficacia su dura vida. Sea como fuere, oímos decir -incluso en foros habitualmente informados- que la coca causa desnutrición en el indio. Por el mismo razonamiento, podríamos atribuir el alto porcenaje de obesidad en norteamericanos al uso de neuro-lépticos, que excitan mucho el apetito. De hecho, el hambre y la penosidad del trabajo vienen antes para el indio desnutrido, tal como una amplia gama de productos alimenticios precede al norteamericano con exceso de grasa.

A nivel mundial es significativo que Coca-Cola sea el mayor adquirente singular de cola, cafeína y una variedad de coca (la Erythroxylon novogranatense) cultivada en Ecuador, qu ese usa como aromatizante para el producto. De acuerdo con su propia propaganda, ese brebaje mixto concede “sensación de vivir“.

“Yo no uso drogas. Yo soy una droga”. Salvador Dalí.

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