Esta mañana me he levantado con el trancazo propio de estas fechas recapitulando sobre el 2008, y simplemente me queda a título personal desear que el que entre sea cuanto menos igual de bueno que éste, porque claro que podría haberse mejorado, que podría haber alcanzado más metas de las que alcancé, o haberse cumplido más sueños de los cumplidos, que podría haber mantenido presentes más tiempo mis motivaciones, esfumadas tantas veces por el camino, y haberme sentido más orgulloso del mundo y sociedad que me rodean. Pero creo que hoy, más que nunca tenemos que ser positivos. 

La madre Teresa de Calcuta afirmaba que jamás iría a una manifestación antiguerra, que en todo caso iría a manifestaciones pro paz, y ese es el enfoque que todos debemos tener. Dejar de centrar nuestras energías y pensamientos en las cosas negativas para dar más peso e importancia a las realmente positivas. Así que hoy decido dejar de quejarme del 2008, abandonar la actitud victimista-pesimista-catastrofista, olvidar la crisis y dar gracias al Universo por todas las cosas buenas que me han ocurrido en este año que acaba:

Gracias… por conservar una buena salud un año más.

Por que todos los miembros de mi familia también la posean.

Por conservar intacta una familia unida y con amor.

Por haber acabado mis estudios, y haber alcanzado los títulos por los que luché.

Por poder ser independiente sin tener un puto duro (¿magia?).

Por los amigos que tengo. Me sobran dedos de las manos para contarlos pero sé que siempre estarán ahí.

Por los amigos que se han casado, por los que ya son padres y  por los que lo van a ser.

Por tener un proyecto que me ilusiona.

Por haber conocido el amor… y el desamor.

Por seguir manteniendo aficiones que me hacen sentir bien.

Por haberme recuperado de mi grave lesión de rodilla, estar plenamente en forma y pertenecer al club de voleibol de mis amores.

Por todas estas cosas… y muchas más… gracias.

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