Es conocida la historia del cliente que se presentó en un despacho de lotería, pocos días antes del sorteo de Navidad, demandando el número 47. Como no lo tenían le ofrecieron otros números, pero él insistía en que fuese precisamente el 47. A fuerza de recorrer diferentes expendedurías llegó a localizarlo. ¿Cuántos décimos quería? Todos los billetes, sin duda, pues estaba seguro de que saldría premiado. Llegado el día del sorteo el premio gordo correspondió al número 47. Por entonces su caso se había hecho ya popular, de modo que la primera pregunta que le hicieron los periodistas fue: “¿Cómo sabía usted que iba a ser premiado ese número?” “No podía ser de otro modo -respondió-. Llevaba 7 días seguidos soñando con el número 7, así que me dije, 7 por 7 cuarenta y siete…”

Y es que el número 7 es un número muy serio, misterioso† y mágico. No en vano creó Dios el mundo en siete días, siete eran los brazos del candelabro, siete los días de la semana, siete las lámparas del Tabernáculo, siete las iglesias del Asia Menor a las que escribió San Juan desde la isla de Patmos, siete los sellos del Apocalipsis, siete días duró el convite de las Bodas de Sansón, y los israelitas, al entrar en la tierra prometida, debían dejarla descansar un año “de siete en siete”, Son siete los mares del planeta. Los indús han descubierto siete chacras o puntos de energía en el cuerpo, siete maravillas del mundo, siete pecados capitales, siete calamidades. Dante describe siete infiernos, los metafísicos hablan de siete niveles de conciencia, Blanca Nieves se acompaña por siete enanos, el arco iris tiene siete colores, son siete las notas musicales, las botas de siete leguas, siete vidas tiene un gato y la serpiente de siete cabezas, entre otras muchas. ” “El que mate a Caín recibirá un castigo siete veces mayor”, dijo el Señor. Y vuelve a decir al pueblo de israel en el levítico “… os castigaré todavía siete veces más…”, “…aumentaré siete veces más vuestras plagas…”,”…os castigaré siete veces más por vuestros pecados…”, “…os azotaré con siete nuevas plagas…”

En la cultura judía el número siete desempeña un papel fundamental en la fonética y es el que domina el ciclo del año. Cada séptimo días es su sabbat; el séptimo mes es sagrado; el séptimo año es un año sabático. El año del jubileo era determinado por el número siete, multiplicado por siete. La fiesta de los Azimos (pan) duraba siete días, lo mismo la festividad de la Pascua judía. También se habla de los siete frutos de Israel, siete cielos, siete cámaras del paraíso; siete categorías de las almas judías, los siete pastores de Israel (Abraham, Isaac, Yaacob, Moisés, Aarón, David y Salomón). Entre los aztecas  siempre aparece el número siete, número también sagrado para estas civilizaciones, contándose el Templo Siete Mazorcas, relacionado con el Maíz, alimento principal en estos pueblos. En fin, su importancia es tan grande, que la adopción del número siete en “Las siete partidas de Alfonso X el Sabio”, ya en el siglo XIII, parece ser debido a las virtudes extraordinarias que se atribuían a este número.

(PDT: Sí, ya sé que 7 x 7 = 49!!!, y ahí radica la gracia…)


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