Clama al cielo la situación política en nuestro país, y a mi modo de ver, causante de la generalizada apatía existente por la política y los “políticos” entre la juventud española. Se nos tacha de generación sin valores, objetivos, principios, perdida, pero no lo creo así. Quién mejor nos podría describir es Tyler Durden (Fight Club):

“…una generación de hombres sin un futuro claro a la vista, una vida anodina destinada al trabajo y al ocio dirigidos, sin válvulas de escape a las que aferrarse en un mundo al que no le importa en absoluto lo que a uno le suceda siempre que trabaje y consuma..”


Pero gran parte de la culpa de ese desinterés por la política en nuestros tiempos la tienen los propios políticos. Es inevitable que la gente sienta mayor afinidad por unos u otros colores, pero hace tiempo que esos colores destiñen, haciéndose complicado creerse la patochadas que nos cuentan. La gente no se implica y los que votan lo hacen siempre al mismo partido independientemente de sus programas que por supuesto la mayoría desconoce y no lee. 

Y es que haciendo gala a mi condición de ecléctico,  el mayor problema que observo aquí es el maniqueísmo de los partidos políticos. Todas las cosas son blancas o negras, y jamás, repito, jamás se le da una palmadita en la espalda a la oposición por algo bueno que hayan hecho. La crítica por sistema a todo lo que haga o diga el oponente tanto si está en la oposición como en el gobierno apesta hasta límites insospechados y aleja a años luz a nuestros políticos de su pueblo, perdidos en riñas, y disputas por temas baladíes en su indómita lucha por el poder. Poder que la mayoría usa en beneficio propio o de los lobbies de presión que los han colocado ante dicho poder. Con tal panorama de mamarrachos incompetentes que se lucran a nuestra costa ¿habrá quién todavía diga que la juventud de este país es apolítica y falta de valores?. El distanciamiento con nuestra clase política y nuestro desencanto son obvios, pero ello no implica que cuando los temas han sido de vital importancia los jóvenes no hayamos salido a las calles con nuestra vena más revolucionaria a pedir cambios que por otra parte no llegan. 

Quizá no sea suficiente y este podrido sistema acabe reventando por donde menos esperemos. Quizá sea lo que tenga que ocurrir porque la situación del planeta es insostenible. Quizá hechos como los acaecidos en Francia hace un par de años con las revueltas de emigrantes o los que acontecen en Grecia estos días sean síntomas inequívocos de lo que está por venir. No obstante me niego a que nos tilden de pasotas. Vivimos otra época y somos víctimas de ella pero si algo ha caracterizado a la juventud de cualquier tiempo ha sido su espíritu emprendedor, revolucionario y contestatario y eso no se podrá cambiar, va con la condición humana.

¿Qué es la historia sino el relato de cómo los políticos han derrochado la sangre y los tesoros de la raza humana?”. Thomas Sowell

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