Ya lo decía Marlon Brando en el Padrino: La familia es lo más importante. Pero en la sociedad actual, cada vez más influenciada por valores protestantes venidos de las culturas imperialistas que dominan nuestro mundo: EE.UU. o Inglaterra, impera el culto al individuo y su supervivencia desde bien temprano en total desapego familiar. Según Weber  el mundo protestante es más exitoso económicamente que el mundo católico gracias al influjo de la religión protestante en cada uno de sus individuos: amor al trabajo, honradez, ahorro y un apego permitido a lo material. Y es esta ética protestante la que fomenta el espíritu capitalista en la sociedad occidental. Diego de Enrique en su libro “manifiesto de las clases medias”, aboga por una clase media fuerte, motor e impulso vital de toda sociedad, y que tan duramente han sido reprimidas por Comunistas, Socialistas, Conservadores y en definitiva el Estado a lo largo de la historia. Pero todas estas teorías liberales con el paso del tiempo han traído la ruptura de la estructura familiar. Las estadísticas en divorcios, depresiones o suicidios son notablemente superiores en estos países, donde claramente se observa que el dinero y prosperidad económica no proporciona la felicidad. En estos tiempos un gran vacío y soledad asola a los seres humanos. El suicidio es el resultado de muchos factores complejos socioculturales, y tiene lugar con mayor frecuencia durante períodos de crisis familiares, individuales o socioeconómicos, tal como la perdida de un amor, empleo, etc. En Estados Unidos, el Centro para Control de las Enfermedades reportó, que cada año mueren más personas por suicidio que por homicidio (por ejemplo en 1997, el número de suicidios fue 1,5 veces superior a los homicidios, siendo la octava causa principal de muerte para los norteamericanos y la tercera entre jóvenes de edades de 15 a 24 años).

En Inglaterra los jóvenes antes de comenzar sus estudios universitarios acostumbran a tomarse un año sabático para viajar por el mundo y en los países sajones a dichas edades está mal visto no ser independiente de la familia. Aquí por desgracia no es tan fácil volar del nido:  según los estudios del CSIC, un 60% de los jóvenes españoles de entre 25 y 30 años que trabajan aún no se han despegado del hogar familiar. Pero además de los obvios problemas que se le presentan a un joven para poder abandonar en estos tiempos la casa de sus padres por problemas de vivienda o trabajo, hay que ser conscientes de los fuertes lazos que unen a los miembros de la familia y lo que se valoran en países mayoritariamente de cultura católica en la vertiente Mediterránea. En la descripción de la realidad Mundial de hoy en día, se subraya la desestructuración familiar y las corrientes de deshumanización.

Sin entrar a debatir problemas de índole socio-económicos ni religiosos, quiero romper una lanza en favor de esos valores que tan importantes eran para Don Vito Corleone y que con los años uno aprende a valorar, y es que la familia, es lo más importante que hay,  y creo que habría que llegar a un acuerdo, a un equilibrio sostenible entre resultados prácticos y los sentimientos de todo ser humano que está aquí para relacionarse, y que desde luego que quienes siempre estuvieron ahí desde tu nacimiento, sigan estando en un futuro para dar algún sentido a nuestras vidas y evitar esa pandemia que asola a los países del mal llamado primer mundo: la soledad.

“No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas.” Louis Pasteur (1822-1895) Químico y microbiólogo francés.

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