El pasado domingo por la noche vi un documental en La 2, realizado por dos activistas canadienses, Naomi Klein y Art Lewis, del movimiento anti-globalización internacional, desarrollado íntegramente en Argentina y ejemplo en la búsqueda de alternativas a los desastres provocados por las políticas neoliberales que han permitido la fuga de capitales y la deslocalización de las empresas en ese país. Me impactó sobremanera por el desconocimiento que tenía de todo este movimiento y la nula publicidad que se había hecho de él.

El documental se llama La Toma(the fake), y en él se muestra la historia de unos obreros y sus familias que tratan de hacer frente a la profunda crisis que se vive en el país, tomando bajo su control las antiguas fábricas en las que trabajaron y que ahora se encuentran cerradas. La película toma como hilo conductor todo este proceso de la expropiación de la empresa Forja San Martín por parte de sus propios trabajadores. Los autores muestran el fenómeno de las empresas recuperadas en Argentina y la situación política de un país que estuvo a punto de elegir como presidente en 2003 al mismo sujeto que desmanteló y privatizó el Estado en la década de los noventa: Carlos Menem. Además del caso de Forja San Martín, el documental muestra también las experiencias de la empresa de cerámicas Zanon y la de textil Brukman, ejemplos de un amplio movimiento de recuperación de fábricas.

Casos de expropiaciones de empresas conocemos los impuestos desde arriba por algún dirigente totalitario o estados socialistas como en el caso de Cuba o Rusia, pero de lo que aquí se habla es de una expropiación desde las bases, por y para los obreros. Dicha expropiación comienza por una ocupación permanente de las fábricas abandonadas hasta poner las máquinas a funcionar y producir de nuevo, estando en permanente alerta ante un posible desalojo por las fuerzas policiales del estado, en defensa del derecho a la propiedad privada recogido por la constitución Argentina. Tuvieron que hacer frente al acoso de los jueces, la policía y sus dueños que pretendían recuperar sus empresas cuando estas estaban siendo reflotadas por los trabajadores. Pero no olvidemos que son fábricas que sus patronos abandonaron durante la crisis para poner a salvo su dinero, y no olvidemos cómo se ha esquilmado la riqueza y recursos de un país como Argentina en el que la fuga de capital alcanzó su máximo exponente. Todas estas cooperativas de trabajadores se apoyan en una red entre ellas en la que se ayudan mutuamente generando negocio y contratos; se autogestionan y basan su dirección en una democracia de base asamblearia. En el documental se refleja además cómo cuentan con el total apoyo social en las comunidades donde se encuentran las fábricas. Las fábricas que ya están en funcionamiento están mejor gestionadas por los trabajadores, ya que a la vez son propietarios con lo que producen más beneficios que tratan a su vez que repercutan en la sociedad de distintas maneras. Aun así siempre queda el problema de una élite que tiene el poder y que se autoprotege, vía política y judicial. Argentina es un claro ejemplo de país que toca fondo y se reinventa a sí mismo. Con el lema “Ocupar, resistir, producir“, este movimiento había logrado en el año 2004, cuando fue realizado el documental, incorporar a más de doscientas empresas en las que trabajaban unos quince mil obreros. El eslogan Ocupen, resistan, produzcan viene del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil. Los argentinos se reconocieron en él y aplicaron esas ideas a una situación urbana.

“La esencia del Gobierno es el poder; y el poder, radicado, como debe estarlo, en manos humanas, siempre estará expuesto a ser empleado para abusar”. James Madison

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