Hoy he jugado un partido de volei y hemos ganado a Tres Cantos 3-0, en un partido muy serio por nuestra parte. Podría parecer que es algo que no tiene mérito cuando uno se percata de que Tres Cantos ocupa el último puesto en la clasificación, pero es que nosotros cuando queremos somos también muy malos, pero malos de solemnidad. Y aún así sigo disfrutando y emocionándome igual ante una victoria, y apenándome ante una derrota, que cuando tenía 16 años, era cadete de segundo, y Gabriel Solano me hacía debutar en el equipo de Primera División Nacional. Dos tercios de mi vida dedicados al deporte que amo y la única camiseta que he vestido desde comencé a dar mis primeros toques en un patio roto de cemento del antiguo colegio Licenciados Reunidos de Cáceres, ha sido la camiseta del AD Cáceres-LicenciadosReunidos.

A este deporte, y más concretamente a este gran Club al que tengo la suerte de pertenecer le debo parte de lo que soy. Ahí conseguí amigos para toda la vida, momentos inigualables tanto dentro como fuera de la cancha y una educación dentro de un grupo de personas a las que uno quiere y que te hacen sentir partícipe de algo más que un mero deporte, te hacen sentir miembro de una familia, te hacen sentir querido.

portimao

A pesar de los disgustos por las derrotas, los enfados por culpa del día a día con algún compañero  (sobretodo en épocas de mayor inmadurez) y de habernos dejado la salud en numerosas ocasiones (roturas de ligamentos, esguinces, tendinitis, contracturas interminables, etc), seguimos jugando por las risas de los desplazamientos, por enseñar algo de lo que uno aprendió de gente que tuvo mucho que enseñarnos, a los chavales más jóvenes que vienen detrás, por mantener y cultivar las amistades que tanto años y esfuerzo costó forjar  y por seguir fraguando mi personalidad, que tanto le debe al voleibol. 

No obstante podría escribir infinitos párrafos con el voleibol como protagonista, pues miles son las anécdotas y vivencias acumuladas en tantos años, pero no va a ser hoy, ya que en estos momentos quería hacer pública mi enorme agradecimiento a aquél entrenador que me hizo debutar en Primera División Nacional y que acaba de recuperarse de una operación de corazón. Tras la rápida recuperación (cosa que ha llenado de enorme alegría a todos los que le queremos dentro de este club), quiero agradecerle, que a pesar de lo mal que me portaba con él siendo un niñato inmaduro, siempre luchó por educarme como un segundo padre. Sé que a más de uno le pudo joder que fuese tu “niño bonito” y que me permitieses cosas como las que sólo a mí me has permitido, pero lo que nadie sabe es lo mucho que aprendí de él tanto dentro como fuera de la cancha. Alguna vez te he llorado y me has sabido escuchar, comprender y aconsejar, y hoy más que nunca me he alegrado al verte aparecer recuperado en “el palco” del pabellón para ver jugar a tu equipo y poder saludar a tus amigos. 

Gracias una vez más por todo lo que nos has aportado Gabriel. Te queremos. Te quiero.

Anuncios