Acabo de terminar de leerme uno de esos libros que obtengo en la mejor librería que hay en mi casa: la del cuarto de baño. No acostumbra tener más de dos o tres libros, pero se reponen periódicamente. Suelen ser lecturas de fondo, como las grandes carreras ciclistas por etapas, pero cambiando el sillín de la bici por un wáter, y en numerosas ocasiones las etapas no terminan al llegar al final del capítulo, sino interrumpidas por algún compañero de piso o familiar que necesita imperiosamente entrar en el cuarto de baño. Hace años que practico esa lectura de “ratos muertos”, sobretodo desde que fui consciente de que mis conocimientos de química no daban para más con los botes de champú, colonia o espuma de afeitar, así que una vez conocidos los componentes y los fantásticos usos de dichos productos en distintos idiomas, hubo que subir un peldaño en el escalafón.

Superada la etapa de las revistas porno llegó la de los fancines o revistas temáticas que permitían lecturas breves para no eternizar las estancias en el servicio, pero poco a poco, dichas lecturas fueron evolucionando. La siguiente fase fue la Poesía. Sí señor, qué mejor instante para leer a Lorca o Antonio Machado que la intimidad de una cagada. Los poemas son lecturas breves y se amoldan bien a la sala de lectura en cuestión.

Finalmente descubrí un montón de libros interesantes (la mayoría de bolsillo) que al no ser novelas se podían leer tranquilamente “por etapas” sin miedo a engancharse (eso queda prohibido para las lecturas en el cuarto de baño), con lo que comienza a surgir variedad en la biblioteca.

Vivimos en la sociedad del presente, del estrés, de la velocidad y los grandes cambios, donde la gente intenta exprimir su tiempo al máximo optimizando el viaje en metro con la lectura del libro de turno, maquillándose en medio del atasco al trabajo o como en mi caso, y seguro que en el de muchos, aprovechando las visitas al cuarto de baño para continuar leyendo. Lo importante es leer y no sólo en la pantalla de un ordenador, así que cualquier instante es bueno para palpar un libro, abrir sus tapas y sentir el tacto de sus páginas…

“Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía”. John Fitzgerald Kennedy

 

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