En el primer módulo del CAP al que asistí hace ya más de un mes, una socióloga nos comentaba que una de las características de la sociedad actual es lo que ella denominaba a título personal como “privatización de la familia”. El concepto me encantó, pero la idea que subyace tras él es aún más interesante, sobre todo para aquellos que ya sois papás o vais camino de incrementar vuestra familia.

Una de las características más importantes de todos los grupos es la creación de normas sociales, líneas de conducta que regulen el comportamiento y la experiencia de los miembros de un grupo, al menos en cuestiones de importancia para éste. La socialización incluye el proceso de interiorización de las normas sociales de la familia donde se cría el niño. Claro que algunas de esas normas son exclusivas de la familia, otras reflejan la clase social de la que proviene ésta y otras son más características de la sociedad como un todo.

El problema surge en la sociedad actual con lo que se ha pasado a denominar pluralismo ideológico. La familia se ha privatizado. Las nóminas sociales que rigen el comportamiento de las familias son menores, con lo que cada familia se ve obligada a regirse en función de negociaciones individuales entre sus miembros. NO hay una norma social que establezca por ejemplo a qué hora debe regresar un niño a casa, así que dependerá de cómo lo negocie cada niño con su propia familia. En mis tiempos recuerdo que si toda la pandilla estaba enganchada a Sensación de Vivir, no era porque estuviésemos enamorados de Brenda, Brandon, Luke perry o su puta madre, sino porque a la gran mayoría nos obligaban a recogernos a las 23h con trece o catorce años los fines de semana, coincidiendo esa hora con el comienzo de aquella famosa serie de nuestra adolescencia. Esto hoy en día no ocurre porque esos patrones sociales no existen y se puede dar el caso dentro de una pandilla que un amigo tenga como hora tope hasta las 23h, otro hasta las 2am y alguno que no tenga ni hora. La convivencia familiar se convierte así en un tira y afloja.

“Pocos seres humanos son llamados para gobernar ciudades e imperios; pero cada cual está obligado a gobernar sabia y prudentemente su familia y su casa”. Plutarco

Anuncios