La mayoría de nosotros, al menos los que tenemos la suerte de vivir en este mal llamado primer mundo, manejamos a diario computadores para uso personal, trabajar o acceder a la Internet, cada vez más accesible y bajo mejores condiciones de velocidad y capacidad (ancho de banda), pero poseemos vagas ideas de su funcionamiento y lógica pues como es obvio, la gran cantidad de disciplinas involucradas implican conocimientos de todo tipo (matemáticas, física, electrónica, álgebra, etc). Además hay que añadir que hace apenas 20 años no existía internet y pocos tenían un ordenador personal en su casa. Es por ello que me apetecía dar una visión (la mía) para niños (o mejor dicho, para mayores) de este nuevo universo que se abrió ante nuestros ojos hace pocos años y que ha revolucionado nuestra sociedad.

Podríamos afirmar que en la Sociedad de la Información, y más concretamente en un computador TODO queda reducido a ceros (0’s) y unos (1’s), es decir, al uso de señales digitales, señales discretas (magnitudes que varían a saltos sin tomar valores intermedios) que sólo tienen dos estados. Estos dos estados podrían ser por ejemplo un grifo de agua abierto o cerrado, el código Morse (raya-punto) o dos potenciales distintos de corriente. Así decimos que el “1” es encendido o pasa corriente y el “0” apagado. Pues así es como funciona nuestro ordenador personal a bajo nivel ya que maneja información que se transmite con corrientes de dos estados (ceros y unos) y se almacena en dispositivos (discos duros, CD-ROMs) que admiten guardar esos dos estados. Pero si la información se transmite a través de los distintos chips mediante señales eléctricas discretas que representen ceros o unos, ¿cómo la almacenamos? Pues buscando materiales que sean capaces de mantener en el tiempo esos dos estados, por ejemplo, imantando polo norte o polo sur sobre un disco magnético. Los impulsos eléctricos que ya hemos dicho que significan ceros y unos pueden a su vez inducir campos magnéticos (polos norte y sur) que graben dichos estados en un disco que va quedando imantado.  Para leer esos estados se produciría el efecto contrario ya que campos magnéticos variables pueden inducir corrientes. Si en lugar de un disco duro magnético usásemos un CD-ROM la información se grabaría mediante una luz láser que haría agujeros en el CD.

Ya tenemos la información viajando a través de los componentes de un ordenador en forma de señales y podemos retenerla en dispositivos de almacenamiento, pero aún nos falta entender su significado. Para que esos ceros y unos adquieran algún sentido hay que crear un código binario, asignando significado a combinaciones de ceros y unos.

Un Ordenador Personal (PC) se divide en hardware que son los componentes físicos del ordenador (cables, dispositivos, chips, etc) y software, que es lo que hace funcionar dicha máquina, es decir los programas. Un programa acepta unos datos de entrada, realiza operaciones básicas con ellos y genera una salida. Pues bien, el gobernador de la máquina, quién controla todo lo que ésta hace, es un gran programa llamado Sistema Operativo.  Al nivel más bajo, cualquier tipo de programa (desde un juego de ordenador, hasta un navegador, un procesador de textos o un sistema operativo) queda reducido a ceros y unos. Los creadores de dichos programas (programadores) escriben la lógica y funcionamiento de éstos en lenguajes de programación cuya forma es muy parecida en muchos casos al lenguaje natural; y otros programas conocidos como compiladores o intérpretes son los que se encargan de traducirlos al lenguaje que entiende la máquina (el de los ceros y unos).

A partir de estas nociones básicas podríamos  definir a la Internet como un conjunto de redes de computadores interconectadas entre sí a nivel mundial. Esto quiere decir que la información (Texto, imágenes, sonido, videos, etc) podría viajar desde mi ordenador  hasta cualquier otro del planeta si ambos estamos conectados a otros ordenadores que pertenezcan a esta gran red de redes. La información ya sabemos que se divide en ceros y unos y así es como viaja entre ordenadores, ya sea por cables (coaxial, fibra óptica o pares trenzados), satélites o enlaces de microondas. Para que tantas redes de ordenadores distintas que forman la Internet  se pongan de acuerdo se necesitan una serie de protocolos que no son más que los lenguajes mediante los que se comunican unos ordenadores y otros, siendo el más conocido el protocolo TCP/IP, que es el que da nombre a la red de redes (Internet Protocol). Estos protocolos dividen la información en trozos y deciden cómo ha de llegar a su destinatario, y si no se usasen controlar Internet sería un caos.  Los encargados de enviar esos trocitos de información  en una dirección u otra son los routers, ordenadores muy simples con ese único objetivo. El lenguaje de comunicación de este nuevo universo que se abre ante nuestros ojos sería el protocolo, pero la política que gobierna dicho mundo a nivel lógico sería la del cliente – servidor, o dicho de otra manera, yo solicito (cliente) algún servicio y alguien me lo ofrece (servidor). Cuando quiero ver desde mi casa una página web, el programa que uso para ello (navegador web) sería un cliente, solicitando a un Servidor (en este caso un  gran computador perteneciente a la Internet, localizado en cualquier parte del mundo y que aloja en su disco duro la página Web que deseo ver) dicha página.

Los servicios más comunes que ofrece la Internet son la navegación de páginas Web, el uso del correo electrónico, el intercambio de archivos, blogs, redes sociales,  chat, wikis, etc. Y quizá esta sea la parte por todos más conocida, pero realizando un pequeño esfuerzo de abstracción, podemos ver cómo para disfrutar estos servicios, hacen falta idiomas distintos para que se comuniquen los ordenadores (protocolos), redes que los conecten y por las que viaje la información (en ceros y unos), computadores (clientes y servidores), programas que tengan distintas funcionalidades, y lo que es más importante, usuarios que interaccionen entre sí enriqueciendo este universo virtual conocido como Internet.

“Una vez un ordenador me venció jugando al ajedrez, pero no me opuso resistencia cuando pasamos al kick boxing”. Emo Philips

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