Grabado en mis recuerdos de la infancia y adolescencia quedan las emisiones de Pressing-Catch en aquellos inicios de los 90’s en Telecinco. Sin lugar a dudas Sábados y Domingos por las mañanas nos acompañaban en sus peleas, y en la mayoría de las veces, batallas campales, los Hulk Hogan, Sacamantecas, El Enterrador, Jim “Estaca” Dugan, Terremoto Earthquake, Macho Man, El Hombre del Millón de Dólares,  y mi favorito, The Ultimate Warrior, o el Último Guerrero como se le conocía a este otro lado del charco. 

Es con éste último, con quién más similitud tiene el protagonista de este post y de la película que visioné anoche: The Wrestler (El Luchador), dirigida por  Darren Aronofsky y con  Mickey Rourke, Marisa Tomei y Evan Rachel Wood como protagonistas.

En aquellos primeros tiempos de emisión del Wrestling nos asaltaban las dudas de si aquello era lucha de verdad o sólo espectáculo, a lo que nuestros padres siempre respondían con una cariñosa sonrisa y una muestra de indiferencia ante lo que era un espectáculo meramente americano, pero yo disfrutaba con los bailes de san vito del Último Guerrero, con Hulk Hogan rompiendo camisetas por doquier o el aireo de axilas en la danza de los Sacamantecas. Esta farsa a modo de Show que jamás habría cuajado en Europa, levantaba masas en los EEUU que llenaban enormes pabellones y estadios para ver cómo se rompían sillas los unos a los otros mientras competían todos los fines de semana por el título de campeón del mundo.

Todos estos recuerdos vinieron a mi cabeza durante el visionado de “The Wrestler” que narra la historia de un luchador antaño estrella de lucha, que intenta ganarse la vida con trabajos basura mientras sigue haciendo lo único que sabe hacer: subirse a un ring.

Ahora entiendo la cara de decepción de Mickey Rourke en la entrega de los Oscars al perder el oscar al mejor actor para el que estaba nominado en beneficio de Sean Penn por su papel en “Me llamo Harvey Milk”.  Aquella película también la vi en el cine y reconozco que Penn hace un papelón, llegándote a creer desde el minuto uno su homosexualidad. Sus miradas y gestos al que era su novio en la película transmitían una ternura difícilmente igualable, pero si la elección hubiese dependido de mí, el premio se lo habría llevado sin duda alguna Mickey Rourke, por su papel de Randy “The Ram” (el Carnero).

En una película sin artificios, sin grandes giros en el guión y totalmente previsible, es el papel intrepretado por Rourke el que llena todo el metraje. Su ternura, bondad, la sangre, los vestigios de tantos años de lucha marcados en su piel, la dureza que se inflige al cuerpo para continuar luchando y la pena que va generando su situación personal, nos mece con ternura y suavidad hasta el clímax final. La cara de Randy instantes antes de que finalizase la película y la posterior banda sonora del Boss se repitieron como un bucle en mi cabeza hasta que fui capaz de conciliar el sueño. Película enternecedora y que recomiendo sin tapujos, y máxime a los que en su día, disfrutaron con las andanzas de auténticos showman guerreros de los cuadrilateros como fueron los luchadores de la Wrestle Mania. 

(PDT: Hoy ya, día 10, te felicito Gabri. XD)

“La lucha más grande en la vida es luchar con uno mismo… el día que dejes de hacerlo, el mundo te gobernará.” Anónimo.

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