Entre las muchas cosas que uno puede hacer en Nueva York, no puede faltar la obligada visita al MOMA (The Museum of Moderm Art), el museo de arte moderno. Como os podéis imaginar la amalgama de galerías, exposiciones y obras que se pueden ver es increíble, pero yo sólo voy a destacar a los dos artistas que más me impresionaron, y en este post de hoy comienzo por el que primero descubrí: Tehching Hsieh (n. 1950, Taiwan).

En la planta segunda del MOMA se puede ver parte de sus performances, a las que dedicó su vida. Entre 1978 y 1986, realizó “sólo” cinco piezas. Entre 1978 y 1979 puso en marcha ‘The Cage Piece’, la primera de las acciones conocidas como ‘One Year Performance’, que, como su propio nombre indica, necesitaban para su desarrollo de un año entero. 

En la exposición, lo primero que se observa son fotos suyas encerrado en una celda. Hsieh se encerró durante un año entero en una celda construida en su loft de Nueva York. Un amigo suyo, Cheng Wei Kuong, iba todos los días a cambiarle el cubo de sus excrementos y a darle de comer. A continuación una sala contiene una fila de 365 fotos por todas sus paredes, tamaño carné, de la evolución de Hsieh, sacadas por su amigo. Podéis imaginaros la impresionante evolución día a día de entrar completamente rapado ya acabar con una enorme melena. Durante aquél aislamiento no podía ver a nadie, ni hablar, ni escribir, ni leer, ni ver la telavisisón, ni escuchar la radio. Ponerse en su piel hiela la sangre al llevar el arte hasta tal extremo, pero esa era su filosofía: Piezas de un año de duración para que el trabajo no sea simplemente una performance y se convierta en la vida misma, y en segundo lugar porque un año es la más larga (y común) unidad de tiempo natural. Sus piezas no son hazañas, ni de la resistencia (al menos conscientemente) motivada por el deseo de sufrir (aunque se han descrito como pruebas), sino que son las exploraciones de tiempo y de lucha.

La siguiente performance de un año de duración (1980 – 1981) consistió en instalar un reloj para fichar en su habitación y se comprometió a fichar cada hora de las 24 del día. Cuando digo se comprometió, lo digo porque dejó por escrito contratos individuales en los que exponía cuáles iban a ser sus intenciones y en qué iban a consistir sus performances para firmar después dichos manifiestos. Entre 1981 y 1982 estuvo el año entero en la calle sin estar bajo ningún techo en todo ese tiempo, permaneciendo a la intemperie en la isla de Manhattan, y al Año siguiente se pasó todo el año atado con una cuerda de 8 pies a otra colega artista, Linda Montano, con la condición de que tenían que estar en todo momento en la misma habitación y no se podía tocar… repito, ¡no se podían tocar! 

Por último, decidió pasar un año sin hacer, ver, hablar, leer, o de cualquier otra manera participar en arte. Simplemente brutal, pero cuando parece que ya no se puede superar, vas y te encuentras otro manifiesto firmado por él en el que traza un plan a largo plazo, de trece años y que se completó en 1999 dedicado también al arte, pero sin hacer pública su obra durante esos años. La exposición no se centra en estas últimas obras, puesto que el objeto principal de ésta fue su encierro en la jaula y su aislamiento, habiendo incluso una réplica exacta de su celda.

Hsieh dice acerca de su trabajo que es “perder el tiempo y libertad de pensamiento”

manifiesto

Nacido en Nan-Chou el último día del año 1950, su padre era ateo y su madre una devota cristiana. Abandonó el colegio en 1967 para comenzar a pintar y a realizar performances (hizo una “Pieza de salto” en la que se rompió los tobillos), y en Julio de 1974 llegó a los Estados Unidos, de forma ilegal al puerto de un pequeño pueblo de Filadelfia, siendo un inmigrante ilegal durante catorce años hasta ganarse al amnistía en 1988.

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