¡Por los pelos! entras corriendo en el tren cargado de maletas esquivando el cierre de puertas como un running back de la NFL y allí está ella, en el otro extremo del vagón. Botas de piel marrón, vestido hippy ajustado a su contorno a juego con las botas y una melena castaña tapando el escote de la espalda. La gente aprovecha para leer, dormir, despertarse o ir aclarando su mente camino del trabajo, pero el silencio invade ese vagón del Metro de Madrid a tan intempestivas horas de la mañana. En ese instante, mientras me abordan tan banales pensamientos, nuestras miradas se cruzan fijamente sin que ninguno de los dos las aparte. Me intimido y un escalofrío recorre mi piel. Su belleza es tal que un aura emanaba de su ser, nimbando su silueta y focalizando toda mi atención en ella parada tras parada. El silencio, tan solo entrecortado por el chirriar del tren por los raíles, no impide que hablemos a gritos con las miradas. Volvemos a cruzarlas pero esta vez ninguno de los dos se amedranta y las mantenemos hasta el infinito, a perpetuidad. Un leve suspiro, un mordisco en el labio, un parpadeo, siempre a cámara lenta, estrecha un lazo entre ambos que deja patente una atracción que atenta contra las leyes de la física. Mi respiración, entrecortada; mi ritmo sanguíneo, acelerado. Cierro los ojos por un instante convertido a eternidad en otra realidad paralela y me imagino rodeándola entre mis brazos, besándola con pasión. La brusca parada del tren ante una nueva estación me saca del estado de trance, descubriéndola frente a las puertas del vagón. Ella ha llegado a su destino, a mí aún me queda un mundo por delante. Volvemos a mirarnos y nos amamos un último instante con miradas emanadas de lo más profundo de nuestros seres. No reacciono. Se cierran las puertas y ella se queda de pie en la estación. El tren arranca. Continúo sin reaccionar. Me alejo poco a poco y voy recuperando la consciencia. La gente está leyendo, dormida, o desperezándose para comenzar una nueva jornada laboral. Continúa el silencio resquebrajado tan solo por el vaivén de un vagón del Metro de Madrid.

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