Si hay algo que mi madre no soporta, y creo que las mujeres en general es que nos dejemos la tapa del váter levantada. La pobre, a pesar de lo mucho que ha luchado por educarnos, tiene algunos borrones en su historial, siendo uno de los que más le molesta ése, que nos dejemos la tapa del váter levantada, pero por mucho que nos dé el coñazo es imposible que la bajemos. Choca con un muro. Nuestra practicidad nos pierde, y bajar la tapa del váter para tener que subirla la siguiente vez, cuando lo único de lo que nos solemos preocupar es de bajarnos la bragueta y apuntar, atenta contra toda eficiencia que trate de obtener el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo.

Cuarto de Baño de mi amigo Álex en Porto. Sé de amigas que cagaban a pares...

Cuarto de Baño de mi amigo Álex en Porto. Sé de amigas que cagaban a pares...

 

¿Pero algún varon se ha preguntado alguna vez el por qué de esa obsesion? Tuve esta conversación con una amiga hace un tiempo y nos reímos un buen rato sacando tópicos sobre diferencias entre hombres y mujeres, pero no di importancia a una de las respuestas que me dio hasta que el otro día en casa de mis padres obtuve la misma respuesta de mi madre cuando le inquerí sobre la importancia que tenía para ella que bajase la puñetera tapa del váter tras haberme tragado la perorata de siempre por haber meado dejándola subida. Su respuesta fue, y coincide con lo que me dijo mi amiga sin que reparase en ello aquél entonces, que podría salir cualquier cosa por ahí, como por ejemplo… ¡una rata!

Admitiendo la realidad de dicha posibilidad, sigo prefiriendo dejarla levantada, para que cuando entre el cuarto de baño vea la rata asomando la cabecita por la taza del váter, manteniendo las distancias. Además siempre podrían aparecer en el momento más inoportuno y llevarte un buen mordisco en el culete cuando estuvieses en tus menesteres. Si el martilleo diario constante durante años de una madre protestando cada vez que entraba en el cuarto de baño por encontrarse la tapa levantada no ha surtido el menor de los efectos en sus hijos, dudo que este argumento me haga cambiar “tan malos hábitos”, aunque confieso que la idea de la rata nadando por las cañerías me sobrecoge algunas veces cuando me siento en el váter.

“No comer por no cagar es doble ahorrar”. Anónimo

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