Hace unos cuantos años que no escalo y es una pena. Mi afición comenzó un verano a través de unos amigos que estaban enganchadísimos y en pocas semanas me descubrí a mí mismo haciendo dominadas, machacándome en un rocódromo y sometiendo mi cuerpo a duros entrenamientos que me capacitasen para aguantar colgado de una pared, tarea nada fácil teniendo en cuenta las leyes de la gravedad de Newton y mi masa de 85kg. Dicha masa quedó reducida a unos 78kg y mi musculatura dejó aflorar esa fibra necesaria para tirar con los dedos en un paso complicado sufriendo en una vía. Además mi envergadura contrarrestaba mi excesivo peso. Definitivamente me enganché por completo a la escalada, y si ese afán de superación y sufrimiento crea una fuerte adición, tal y como me lo crea ahora el correr (y espero que en poco tiempo el triatlón), no le iba a la zaga el disfrute en la montaña de la naturaleza y los bellos parajes que visitaba siempre rodeado de buenos amigos y mucha “hierba”. En las épocas en que las escapadas a zonas de montaña con vías para escalar se hacían más complicadas por falta de tiempo o mala climatología, siempre nos quedaban los Barruecos con ese granito cortante para hacer bulder, que no es más que una modalidad de escalada sin cuerdas, en la que se realizan pocos pasos en rocas pequeñas que sirven para mejorar la técnica.

Pero aquella bonita etapa duró apenas un año porque una lesión grave de tobillo me apartó de los rocódromos y me devolvió a mi sitio natural: el voleibol. Así que como nunca llegué a ser un virtuoso en esto de la escalada no es de mí de quién quería hablaros, sino de un escalador cuyos videos me alentaron a entrar en ese apasionante mundo: Dan Osman.

Amante de los deportes extremos, practicaba la escalada natural (sin cuerdas) y además a alta velocidad. Cuentan que su gran pasión era subir escalando a la cima de cualquier pared y montaña para dejarse caer después o bien en caída libre o bien en parapente. La  vida de este temerario escalador  termina el 23 de noviembre de 1998 a la edad de 35 años, tras fallar una cuerda mientras practicaba una caída libre controlada desde la Leaning Tower en el Parque Nacional de Yosemite, dando pie al inicio de su leyenda. Nació en Tahoe y cuentan que es descendiente de una familia de samurais. Su muerte no vino exenta de controversia, pues la versión oficial es que un cambio en el lugar del salto provocó que las cuerdas se enredaran llegando a su ruptura por culpa del rozamiento, pero hace años que conozco otra versión de su muerte contada por amigos escaladores en esas noches alrededor de una hoguera en la montaña y que he podido comprobar en blogs y foros, pero obviamente no puedo afirmar que sea cierta. No obstante os cuento que el problema radicó en que ese salto que le costó la vida estaba programado para 5 días antes del día en que finalmente se efectuó (23 noviembre), pero fueron sorprendidos antes de saltar por los guardas del parque quienes los llevaron presos 4 días, quedando a la intemperie 4 días y 4 noches con sus respectivos cambios bruscos de temperatura toda la impedimenta y material. Eso hizo estragos en las cuerdas. A su salida de prisión, el equipo regresó al punto de salto para terminar lo que habían iniciado, pues consabida era la temeridad y desquicio que caracterizaban a Osman, y el resto de la historia os la podéis imaginar, dando inicio la leyenda de uno de los más intrépidos y temerarios escaladores conocidos. Murió joven como una estrella del Rock, aunque no creo que dejase un cadáver bonito. No obstante hoy le rindo un tributo porque contribuyó en alto grado a mi afición por este deporte que libera adrenalina como pocos. Con vosotros… el gato Dan Osman:

Aquí lo podéis ver subiendo una pared vertical a toda velocidad (ostenta varios récords) sin ningún tipo de ayuda. No habréis visto nada más brutal en vuestra puta vida:

Videos homenaje con subidas y saltos a ritmo de Metallica y Foo Fighters:

¡El salto!: 

“Demasiado poco valor es cobardía y demasiado valor es temeridad”. Aristóteles

 

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