Aviso para navegantes: Sé que muchas de las cosas que he podido escribir estos meses buscaban cuanto menos provocar. He vomitado sentimientos, vertido sensaciones parte o no de mi vida y cualquier tipo de paja mental que me ha apetecido plasmar en esta bitacora que no deja de ser un enorme puzzle al que necesito agregar mis eclécticas piezas para seguir la senda de un camino que comencé hace ya 8 meses un 11 de septiembre. Si las piezas, personales o no, las coloco yo, el pegamento lo ponéis vosotros, todos aquell@s que contribuís esporádicamente o no a la construcción de este puzzle.

Pero hay veces, que escribo por  el mero placer de escribir. No son muchas, por desgracia, porque para ello hay que disponer de tiempo y ganas, y si de lo primero en los últimos tiempos me sobra, de ganas e inspiración cuando nimias preocupaciones obstruyen mi mente, no tanto. Es en esos momentos cuando me apoyo en algún tipo de vivencia, recuerdo, o cualquier cosa que haya visto en la tele, leído en un periódico o escuchado a algún amigo en cualquier tertulia para inventarme una historia y contar un cuento en el que el protagonista no tengo por qué ser precisamente yo. En alguna sí, pero en otras muchas NO. Simplemente historias desarrolladas al tirar de un hilo, en las que el desenlace final poco tenga que ver con ese agujero negro inicial.

También soy consciente de la imagen que gente que me conoce tiene de mí, y de los roles que he ido asumiendo en muchos de mis entornos sociales más cercanos, y el gran culpable de dicha imagen soy yo. Pero no querría que la gente se quedase en esa imagen, porque aunque pueda resultar un caparazón duro el que me protege, es fácil de rasgar. Porque me siento culpable por alimentar con gilipolleces que escribo esa imagen que otras veces detesto de mí. Porque me canso también, como todo el mundo. No culpo a nadie salvo al que os escribe estas palabras que no es más que un memo por haber realimentado estas situaciones a lo largo de los años.

Sé que para variar muchos no se enterarán de nada y no les culpo, pues la confusión que me emborracha me empuja a tratar de plasmar sentimientos entremezclados ilegibles incluso hasta para mí, pero un poco por todo esto, o quizá un mucho por nada, es causa y consecuencia a la vez de que le haya causado daño a mi chica, porque para los que no lo sepan, la tengo. La confianza se la ha de ganar uno a pulso, y hasta en eso he perdido fuelle en los últimos tiempos. Con todo esto sólo quería dejar claro que a veces, los trovadores, los cuentacuentos, se limitaban a mantener vivas tradiciones orales ancestrales en fogatas milenarias, y que dentro de esta nube virtual, me permito el lujo de trovar, de dejar volar la imaginación e inventar todo tipo de situaciones o personajes, sin que tenga que ser yo, aunque siempre serán… parte de mí.

Anuncios