A veces llega un momento en que te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente pero con ganas de morir, paseando por las calles, todo tiene igual color, sientes que algo echas en falta y no sabes si será el amor. Lo suyo duró, lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks. Ella era una chica muy mona que vivía en Barcelona. Trabajaba en un videoclub aunque no sabía ni cantar un blues. Pero el corazón que a triana va, nunca volverá; y es que tenía tanto que darle… tantas cosas que contarle… tenía tanto amor, guardado para él. Porque sin él no era nada, los días que pasaban, las luces del alba, su alma, su cuerpo, su voz, no servían de nada. Porque  sin él no era nada  ¿Y quién era él?¿En qué lugar se enamoró de él?¿De dónde era?¿A qué dedicaba el tiempo libre? Su nombre era Juan Antonio Cortés. Nunca dio su brazo a torcer, todos le llamaban Juan antonio cortés allí nació y en esta tierra morirá… porque con qué pasión te enamorará y te embrujará Sevilla.

Tardó en olvidarle diecinueve días y quinientas noches. Tenía los riñones al jerez, de tanto de tanto beber. Y cuando caía la noche bajaba a bailar a la tasca, y bailar y bailar, y tomar y tomar, un cerveza tras otra. Y si volviese a ver pintado un corazón de tiza en la pared, daría a quién fuese una paliza por haber, escrito su nombre dentro. Y aunque  ella quería besos, que todas las mañanas le despertasen de esos, que fuese por la tarde y siguiese habiendo besos, y luego por la noche le diesen más besos pa cenar, un buen día, se levantó dando un salto mortal, dando volteretas llegó al baño, puso un par de huevos sobre su sartén, y se propuso pasárselo bien. Con el pasar de los años, aprendió en la vida que se vive intensamente porque si no se termina, con el pasar de los años, el cariño es más bueno, se aprecia lo que se tiene y se respeta lo ajeno. Agua dulce, agua salada, por agua viene y por agua se va.

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