Hace tan solo dos décadas, Sudáfrica era un reducto racista aislado del mundo. Dentro de un año se convertirá en su capital, gracias al fútbol. Así comenzaba el spot promocional Bienvenidos a Sudáfrica del programa de canal+ Informe Robinson. Una de mis numerosas mañanas de resaca, tuve la oportunidad de ver el documental encontrándome solo en casa de mis padres  y  puedo asegurar que hacía mucho tiempo que no me emocionaba tanto como esa mañana, descubriéndome a mí mismo con las lágrimas recorriendo mis mejillas. Y es que la superación humana, la épica, el honor, las hazañas deportivas, son las temáticas que con mayor facilidad pueden tocar mi fibra sensible.

En él se aborda la historia reciente, presente y futura, usando como nexo de unión el deporte y más concretamente el fútbol a raíz del mundial que se celebrará el año que viene, de un país asolado por el aparheid durante casi 50 años (desde 1948 que tomó forma jurídica hasta 1994 año en el que se redactó la constitución y se celebraron las primeras elecciones con todos los partidos, entre ellos el ANC de Nelson Mandela). El apartheid es el resultado de lo que fue, en el siglo XX, un fenómeno de segregación en Sudáfrica implantado por colonizadores holandeses Bóeres en la región, como símbolo de una sucesión de discriminación política, económica, social y racial. Fue llamado así porque significa “segregación”. Este sistema consistía básicamente en la división de las diferentes “razas” para promover el desarrollo. Antiguamente el país había quedado dividido en los afrikaners y los anglosajones, siendo los primeros nacionalistas y religiosos y los segundos más liberales, pero tras la Guerra de los Bóers, en la que los afrikaners fueron aplastados por los británicos, se sobrepusieron, haciéndose con el control de la nueva unión sudafricana hasta que el  Partido Nacional, bastión de las más puras esencias bóers, llegó al poder. Durante los cuarenta años siguientes, el dominio de los afrikáners alcanzó su apogeo: sus símbolos nacionales y su ideología fueron los que dieron forma a la nueva república sudafricana.

Durante todo ese tiempo, los afrikaners tenían dos religiones: el protestantismo calvinista, y el rugby, deporte exclusivamente de blancos, símbolo de una sociedad racista que focalizaba las iras de la mayoría negra y por otra parte estaba el fútbol, deporte de negros. La Copa Mundial de Rugby de 1995 se llevó a cabo en Sudáfrica entre el 25 de mayo al 24 de junio de 1995. Este torneo significó el regreso de Sudáfrica a las competiciones oficiales, ya que en 1987 y 1991 no habían jugado por el apartheid que entonces reinaba en Sudáfrica. La selección local terminó por imponerse el título tras derrotar en Johannesburgo a los All Blacks por 15-12.

¿Somos conscientes de la simbología y emotividad que rodea a aquella final del 24 de junio en Johannesburgo?

Una nueva Sudáfrica, gobernada por un dirigente negro injustamente encarcelado durante 27 años en la cárcel de Robben Island, Nelson Mandela, y que por primera vez era Presidente de todos: negros y blancos.

Primer evento deportivo celebrado en el que puede participar una selección sudafricana tras años de expulsión de competiciones oficiales por culpa del Aparheid, y encima celebrado en el país.

Un Mundial de Rugby, el deporte de los blancos afrikaners por excelencia, su segunda religión y símbolo durante más de 50 años del sometimiento de una mayoría negra por una minoría blanca en el racismo más absoluto. El rugby no sólo ha sido un deporte exclusivo de blancos. El surafricano negro detestaba el rugby, lo consideraba un símbolo del opresor blanco, al mismo nivel que la bandera y el himno. Era la pasión de los blancos dominantes, lo que les daba su identidad.

La final se celebró contra el mejor equipo del momento y probablemente una de las mejores selecciones de rugby de todos los tiempos: los All Blacks de Johna Lomu, en un partido emocionante que se decidió por 3 puntos (15 – 12).

Por primera vez, todo un país estuvo unido bajo una misma bandera y apoyando un equipo, formado íntegramente por blancos y que representaba toda la opresión sufrida por el pueblo negro.  Tanto blancos como negros vivieron juntos su apertura al exterior y la victoria de un equipo que ahora representaba a todos.

Nelson Mandela, presidente de Sudáfrica y víctima de un régimen que lo condenó a cadena perpetua por defender la igualdad entre razas, fue quién al final del partido hizo entrega del trofeo de campeones del mundo a un equipo de blancos que representaban todo contra lo que él había luchado durante toda su vida, y que ese día habían luchado por él. Mandela tenía la certeza de que el deporte moviliza las emociones de la gente de una manera que ningún político puede siquiera acercarse. Se planteó lo siguiente: “¿Qué es lo que más les importa a los blancos? ¿Su religión? ¿Su Dios? Sí, pero también el rugby. A ver si somos capaces de utilizar esa pasión para unificar el país”.
Faltaba un año para el Mundial cuando llamó a su despacho al capitán de la selección, Francois Pienaar, formada únicamente por blancos. Mandela le pidió ayuda para lograr que los negros se identificaran con la selección de rugby. Desde entonces, Pienaar y sus compañeros se manifestaron siempre de una manera políticamente correcta, nadie desentonó, todos colaboraron. El mensaje de Mandela caló tan hondo que el equipo aprendió un nuevo himno, en lengua zulú. Era el himno que se cantó durante décadas en las manifestaciones de los negros contra los blancos.

Dicen que el Rugby se asemeja mucho al ajedrez, y como todo juego de estrategia, puede ser considerado como una batalla. Aquél día en Ellis Park Stadium, 22 jugadores lucharon por su Presidente negro, 22 jugadores blancos combatieron con todo su pundonor y corage ante su gente, ante un rival superior, ante todo un país mayoritariamente negro. Aquél día 22 jugadores blancos saldaban una deuda con la historia, una historia marcada con sangre y lágrimas para reconciliar y unir a un pueblo. Aquél día marcó un antes y un después en la historia de sudáfrica.

Para finalizar dejo el enlace a un post que retrata muy bien lo que fue dicho evento y como transcurrió todo: Mandela y la copa del mundo de rugby de 1995., del que he rescatado estos fragmentos:

El día del partido por mañana Mandela se despertó inquieto: ¿habré hecho lo suficiente para convencer a los blancos de que estoy con ellos, que soy su presidente, que estamos todos juntos ahí? Y decidió llamar al presidente de la federación para que le trajera una camiseta de los Springboks, de color verde, el color de la opresión blanca. Y que esa camiseta llevara el número 6, el de François Pienaar, el capitán.

Una hora antes del partido, Mandela llegó al estadio. La tensión era descomunal en todo el país. En Soweto los bares estaban repletos de negros a los que antes nunca interesó el rugby (durante los tiempos del apartheid, Soweto fue construida con el fin de alojar a los africanos negros que hasta entonces vivían en áreas designadas por el gobierno para los blancos).

Y llegó la hora de los himnos. Mandela debía bajar a saludar a los jugadores. Y se puso la camiseta de Pienaar. Con ella saludó uno por uno a los jugadores, lo que produjo un silencio absoluto, unos segundos para la historia. Hasta que estalló un clamor: 72.000 personas rompieron a gritar: “¡Nelson, Nelson!”. El noventa y cinco por ciento blancos.
Fue uno de los momentos más gloriosos del siglo XX.

“En ese momento nos dimos cuenta que había un país entero detrás nuestro, y que este hombre tuviera puesta la camiseta de los Springbok era un signo, no sólo para nosotros, sino también para toda Sudáfrica, que tenemos que unirnos, y tenemos que unirnos hoy”,

comentó el medio melé Joost van der Westhuizen. Y el capitán François Pienaar:

“Yo nunca me imaginé que él iba a estar allí, y nunca en mi vida pensé que iba a usar la camiseta de los Springbok. Y él estaba allí con toda su aura. Él sólo nos deseó buena suerte, eso es todo lo que dijo. Luego se dio vuelta y ahí estaba el número seis en su espalda, ¡y ese era yo! Estaba tan emocionado que no podía cantar el himno, estaba muy emocionado y muy orgulloso”.

Pero no fueron sólo los Springboks los que quedaron afectados por el hecho de que Mandela vistiera una camiseta que durante mucho tiempo había sido un símbolo para los hombres blancos en Sudáfrica, lo mismo ocurrió a los All Blacks en aquel famoso día en el Ellis Park.

“Fue verlo caminar hacia el estadio vistiendo la camiseta de Francois y escuchar a 72.000 personas empezar a aclamar: Mandela, Mandela… entonces nosotros 15 mirábamos, y pensábamos ‘¡Dios, como vamos a hacer para ganarles a estos animales!”,

admitió el capitán Sean Fitzpatrick. Inclusive Jonah Lomu, el Jugador del Torneo que sin ayuda había destruido a Inglaterra en la semifinal, comenzaba a tener dudas de que pudiera ser, sólo pudiera ser, que ese no fuera el día de Nueva Zelanda.

“Primero te intimida darle la mano a Nelson Mandela con la camiseta de los Springbok, y te hace sentir que toda la presión estaba sobre nosotros porque ellos tenían a Nelson Mandela de su lado, tenían finalmente un país unido después de años de lucha… ese día todos estaban unidos”.

Sudáfrica 15 – 12 Nueva Zelanda 24 de junio de 1995 Ellis Park StadiumJohannesburgo,
Asistencia: 65000 espectadores
Árbitro: Morrison Bandera de Inglaterra
Pen: Stransky (3)
Drop: Stransky (2)
Pen: Mehrtens (3)
Drop: Mehrtens

“Los judíos tomaron Israel de manos de los árabes que llevaban viviendo allí por mil años. Israel, al igual que Sudáfrica, es un estado del apartheid.” (Rand Daily Mail, 23 noviembre 1961) Dr. Hendrik Verwoerd. Primer Ministro y  arquitecto del mismo apartheid.

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