Enfrentarse a una página en blanco como en cada amanecer de tu vida. Tú y sólo tú eliges qué escribir en dicha página, adquiriendo el compromiso para no acostarte sin haberla manchado de tinta.
Enfrentarse a una página en blanco puede ser motivo para que una renovada ilusión surja en tu vida. Una obligación para quién en su día decidió firmar un contrato con la constancia independientemente de los avatares que le deparasen las horas. Y aquí, en esta tesitura me encuentro tras el verano que se escapa de nuestras manos. Un estertor caluroso que duró un suspiro, lo que un susurro tarda en anticipar la llegada del Otoño. Autum diría un inglés… Fall diría un americano. Más académica la primera, más descriptiva la segunda, pues caen las hojas en octubre, cae el moreno a nuestros pies, se renuevan ilusiones y comienza el nuevo curso.
El sueño llama a mi puerta. Bienvenido a la vida del trabajador, dicen algunos. Larga vida al César, larga vida al rey. Despacito y con buena letra escribimos una nueva página antes de ir a la cama, aunque siempre queda el borrón, mancha de tinta inherente a la punta de la pluma tras su breve descanso sobre el papel, y es que el día acabado succiona todo cuanto atrapa a su alrededor para dar sentido a la vida. El agujero negro tendrá su razón de ser, pero eso, será otra historia porque de mis labios fluye un tenue silbido provocado por las primeras cabezadas y la boca entreabierta. En definitiva cuentos chinos para los niños del Japón, porque como dirían Love of Lesbian: “Houston tengo miedo quiero bajaaaaarme, de aquí”

Enfrentarse a una página en blanco como en cada amanecer de tu vida. Tú y sólo tú eliges qué escribir en dicha página, adquiriendo el compromiso para no acostarte sin haberla manchado de tinta.

Enfrentarse a una página en blanco puede ser motivo para que una renovada ilusión surja en tu vida. Una obligación para quién en su día decidió firmar un contrato con la constancia independientemente de los avatares que le deparasen las horas. Y aquí, en esta tesitura me encuentro tras el verano que se escapa de nuestras manos. Un estertor caluroso que duró un suspiro, lo que un susurro tarda en anticipar la llegada del Otoño. Autum diría un inglés… Fall diría un americano. Más académica la primera, más descriptiva la segunda, pues caen las hojas de los árboles en octubre… hojas blancas, cae el moreno a nuestros pies, se renuevan ilusiones y comienza el nuevo curso.

El sueño llama a mi puerta. Bienvenido a la vida del trabajador, dicen algunos. Larga vida al César, larga vida al rey. Despacito y con buena letra escribimos una nueva página antes de ir a la cama, aunque siempre queda el borrón, mancha de tinta inherente a la punta de la pluma tras su leve descanso sobre el papel, y es que el día acabado succiona todo cuanto atrapa a su alrededor para adquirir sentido. El agujero negro tendrá su razón de ser, pero eso, será otra historia porque de mis labios fluye un tenue silbido antesala de ronquidos, sueños con mundos de fantasía y en definitiva cuentos chinos para los niños del Japón.

“Houston tengo miedoooo, quiero bajaaaaarme de aquí. Si todos están locos voy a largaaaaarme de aquí”. Love of Lesbian

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