Me encuentro en estos instantes inmerso en la lectura de “Cara a cara con la vida, la mente y el universo”,  libro de Eduard Punset, que recopila entrevistas con eminencias en el terreno de la ciencia que han pasado por su programa de divulgación científica Redes, de La2 de TVE. El libro es del 2004, pero no pude resistirme a su compra el otro día al pasar delante de una librería y verlo en el escaparate. El autor (y su precio: 5,95€) motivaron la compra.

Me ha hecho mucha gracia una anécdota que se cuenta en el libro para presentar a Eugene Chudnovsky, profesor de física de la universidad de Nueva York, donde estudia los efectos cuánticos macroscópicos en imanes y superconductores (en 1988 postuló teóricamente la inversión cuántica de los polos magnéticos y predijo el llamado efecto túnel de los sistemas magnéticos) y por ello os la voy a transcribir literalmente:

“Al régimen estalinista le venía como anillo al dedo el lamarquismo. Según el biólogo francés  Lamarck, el conocimiento adquirido, así como los rasgos de carácter y transformaciones desarrollados o impuestos en el curso de una vida, se transmitían a las siguientes generaciones. La trasnformación del mundo y la creación del nuevo hombre comunista iban a ser indelebles. Se podía evitar la dependencia de las parsimonias y aleatorias mutaciones genéticas. O si se quiere, las instrucciones genéticas eran sensibles a las improntas generacionales impulsadas por el régimen comunista. Exactamente lo contrario de lo que era -y sigue siendo- el consenso científico en el mundo occidental.

Durante muchos años, el abanderado de la doctrina oficial en la Unión Soviética fue Lysenko, presidente de la todopoderosa Academia de Ciencias de la URSS. La influencia de Lysenko empezó a resquebrajarse en un famoso Congreso de la Academia, al que también asistía Eugene Chudnovsky. Lysenko dijo en defensa de las tesis oficiales:

– Si tuviéramos la constancia de cortar las orejas de las vaquillas cuando nacen, generación tras generación, al cabo de un tiempo las vacas nacerían sin orejas.

– Profesor Lysenko -preguntó tímidamente un joven cietífico cuyo rastro se ha perdido, desde el fondo de la sala-, ¿de ser cierto que cortando sistemáticamente, generación tras generación, las orejas de las vacas éstas acabarían naciendo sin orejas, cómo se explica que todas las jóvenes de la Unión Soviética sigan naciendo vírgenes?”

“Yo no evoluciono, yo soy. en el arte, no hay ni pasado, ni futuro. El arte que no está en el presente no será jamás.” Pablo Picasso