El 2010 es un año en el que tengo puestas muchas ilusiones. Mi vida ha sufrido numerosos cambios durante el año que acaba de finalizar y sé que mayores aún son los que me depara este año recién estrenado, pero si algo espero que se mantenga cuanto menos constante es la media de viajes que realizo cada año, y para comenzar con buen pie éste, no se me ha ocurrido mejor manera que un viaje, siendo el destino elegido la capital del imperio Bizantino: Estambul. He subido a mis Documentos una Guía de viaje que me preparé antes de ir allí y que creo que puede resultar de gran utilidad para todo aquél que tenga pensado hacer ese maravilloso viaje. ¿Pero qué tal si nos ponemos un poco al día antes de contaros mi viaje?

Turquía  está  ubicado  al  sudeste  de  Europa  y sudoeste  de  Asia.  Bañan  sus  costas  el  Mar Negro,  el  Mar  Egeo  y  el  Mar  Mediterráneo. Limita  con  Armenia,  Azerbaiján,  Bulgaria, Georgia,  Grecia,  Irán,  Irak,  Siria.  Posee  una superficie  total  de  780580  km².  Algunos  de  sus recursos  naturales  son  el  carbón,  el  cromo,  el mercurio,  el  bronce,  el  azufre,  el  mineral  del hierro  y  la  energía  hidroeléctrica.  Su  ciudad capital  es  Ankara.  El  idioma oficial  es  el  turco, pero  también  se  hablan  el  kurdo,  el  árabe,  el armenio  y  el  griego.  Tienen  una  hora  más  que en  España.  Estambul  es  la  única  ciudad  del mundo  que  está  situada  entre  dos  continentes,  Asia y  Europa.  Es  la  ciudad  más  grande  de  Turquía.  La enorme  estación  de  autobuses  está  en  Esenler,  en donde  realizan  las  salidas  y  llegadas  al  resto  del  país durante  24  horas.  Existen  dos  aeropuertos internacionales: Atatürk y Sabiha. La moneda turca es la Lira Turca. Una lira está dividida en 100 Kuruş (kurush) (céntimos) y al cambio actual 1€ = 2,1 LT, con lo que la conversión es muy sencilla.

Bizancio  fue  el  nombre  original  de  la  moderna  ciudad  de  Estambul, establecida  por  colonos  griegos  de Megara  en  667 a. C.  y  nombrada  en  honor  de  su  rey  Byzas. A través de los años la ciudad estuvo en poder de los Persas, Espartanos, Atenienses y Macedonios. La  estratégica  posición  de  Bizancio  atrajo  al  emperador  romano  Constantino  I  el  Grande,  quien  en  el  año  330,  fundó de  nuevo  la  ciudad  como Nova Roma o Constantinopla, y la convirtió en capital del Imperio Romano, y tras su división en el 395, del Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino. En el 1453 cae bajo dominio Turco y se considera este hito el fin de la Edad Media. Da comienzo así al Imperio Otomano que finalmente quedaría convertido en la actual República de Turquía el 29 de octubre de 1923 por  Mustafa  Kemal  Atatürk, pasando a ser su capital Ankara.

Mi amigo Kamil, Martina y sus gemelos. Niño y niña

Puestos en situación no es difícil imaginar la amalgama de culturas entramada en esta ciudad situada entre los mares del Mármara y el Mar Negro, a la entrada del estrecho del Bósforo. La ciudad la podemos dividir en tres partes diferenciadas: La parte asiática, la parte europea moderna (separada de la asiática por el bósforo) y la parte europea antigua, separada de la moderna por el cuerno de oro. Nosotros nos quedamos en la parte donde se acumula la mayor parte de los monumentos y por ende la más interesante: Sultanahmed (en la parte antigua de Estambul). Tras un larguísimo viaje con escala en Praga, donde mi amigo Kamil nos vino a recoger y en 3 horas tuvimos tiempo de ir a su casa a conocer a sus gemelos recién nacidos, visitar el Castillo de Praga y comer algo de comida típica checa como Dumplings con pato (que por otra parte ya había probado en otras ocasiones), aterrizamos en Estambul a las once de la noche. Para entrar en Turquía se ha de pagar el Visado que ahora está en 15 euros.

Desde el coche tras escaparnos del aeropuerto de Praga por unas horas

Vistas desde el castillo de Praga

A esas horas sólo queda la opción del taxi, que viene rondando los 15 Euros (30TL) hasta Taksim en la zona europea nueva o Sultanahmet en la antigua. Nosotros nos quedábamos en la antigua, a escasos metros de la Mezquita Azul. Llegábamos cansados y con el cuchillo en la boca, preparados para cambiar dinero y regatear por un taxi que nos llevase a un precio razonable (ya tuve una experiencia bastante mala con los taxistas en Marruecos y no quería que se repitiese) pero por suerte conocimos mientras cambiábamos una pareja de catalanes con los que compartimos el viaje. Al final 40TL en total que entre dos parejas satisfizo notoriamente nuestras expectativas. A partir de ahí se abrió ante nuestros ojos una ciudad maravillosa salpicada por la mezcolanza de culturas y la cercanía asiática. Camino del Hotel pasamos delante del Gran Bazar y varias mezquitas antes de llegar a la mezquita azul, sin duda la más bonita (por fuera) de toda la ciudad y mi preferida. No me lo podía creer. Su forma y la iluminación de sus seis minaretes me recordaba a un araña robótica camuflada en mezquita pero que en cualquier momento podría despertar. El hotel se encontraba detrás de la mezquita. El sitio inmejorable. Mis primeras sensaciones estaban siendo muy buenas. AL Llegar al hotel nos atendieron con mucha amabilidad, y mientras el chico de recepción nos gestionaba la reserva nos sirivieron nuestro primer Té turco del viaje. Sin lugar a dudas mi gran afición durante esos días el que mejor me supo. Acababan así 22 horas de viaje desde que cogimos el autobús en Cáceres la noche anterior a las 2 de la mañana. Habíamos superado todas las pantallas de la partida y disfrutábamos en ese momento del premio tras pasar la fase final: un té turco recién hecho en la recepción del hotel en el más absoluto de los silencios asimilando lo que había sido nuestro viaje, nuestra primera toma de contacto con Istanbul y lo que nos esperaría al día siguiente. Pero eso, sin duda alguna es carne para otro post.

¿Habíais visto alguna vez una habitación tan surrealistamente pequeña? jojojojo. Me encanta

“Si la Tierra fuera un solo Estado, Estambul sería su capital”, Napoleón Bonaparte