La streaper abandona el escenario mientras la releva en su puesto una chica rubia más joven que ella, para aperecer instantes después a la espalda de Cully. Posa su mano sobre el hombro de éste y con un sensual guiño lo invita a que la siga.

Desde que su mujer lo echara de casa no había vuelto a estar con hembra alguna, pero aquella streaper tenía algo en su mirada que la hacía especial… diferente, algo que noche tras noche hipnotizaba a Cully en el GreenDoor sentado tras una botella de Bourbon frente a la bailarina.

Hoy no sería distinto. Ya no recordaba a aquel pobre chaval búlgaro que le suplicaba con la mirada petrificada de miedo vivir, antes de recibir un certero disparo en el entrecejo, ni a la puta de su mujer acostándose con el maricón de Sasa Geremaia. Tan solo había espacio en su mente para visualizar a cámara lenta el contoneo de las caderas de la streaper mientras la seguía por el local. Un culo macizo se vislumbra a través de una túnica de seda blanca que se había puesto tras abandonar el escenario. Su larga melena morena ondula en su espalda ocultando una extraña cicatriz en forma de “V”, que para cualquier otro habría restado belleza a la chica, pero que para Cully la hacía aún más atractiva.

La música se transforma en gemidos que atraviesan paredes de papel. Las luces rojas se desvanecen impidiendo la visión en aquél maldito laberinto que daba paso a la zona de los privados. Las gotas de sudor recorren su sien mientras se le nubla la vista. Su pene tumefacto le revienta la bragueta y el ansia invade su ser. Sólo desea alcanzar la puerta entreabierta al final del oscuro pasillo para estar a solas con el motivo de la compulsiva obsesión que noche tras noche le hipnotiza en el GreenDoor. Cully sonríe. La carga simbólica de aquella puerta oscura coronando las paredes laterales al final del cada vez más estrecho pasillo le lleva a imaginar su premio al seguir la misma ruta por las esbeltas piernas de la streaper. Por fin llegan a su destino: una austera habitación que sólo contenía un espejo barroco colgado en la pared, una silla de madera desencolada que desprendía una inquietante sensación de fragilidad y una pequeña cama con su mesilla. Cully no pudo ver un escenario menos erótico, pero dada la situación no le importó demasiado.

Cully sabe de sobra cómo tratar a las putas: como putas. Pero algo le impide actuar igual con ella. Cully cierra la puerta mientras ella se atusa el pelo frente al espejo, y se sienta en la cama. Chirría. La streaper se gira pero algo va mal. Un mar de lágrimas recorren sus mejillas y esto desconcierta a Cully, pero no dice nada. Sin mediar palabra la chica se arrodilla frente a Cully y comienza a desabrocharle el pantalón y Cully es incapaz de reaccionar lo que no limita su excitación y rápidamente aumenta su ritmo cardiaco. Ella para y levanta su cabeza para cruzar fijamente su mirada con la de Cully. Sigue llorando.

STREAPER: Me llamo Amanda.

CULLY: ¿Alguien te ha preguntado el nombre?

STREAPER: Sé como me miras todas las noches. Sé que me deseas, pero nunca ta has atrevido a decirme nada. No eres como los demás borrachos que…

CULLY: ¿A no? ¿Y qué te hace pensar que soy distinto a la amalgama de hijos de puta que hay ahí fuera? Todos huimos de algo…

Cully sigue excitado. Una lucha entre impulsos se produce en su ser, uno que quiere cogerle la cabeza con ambas manos e introducirle con fuerza su duro pene en la boca y otro que quiere saber más de ella, protegerla. Un instinto que reconoce la fragilidad de la chica como si de la silla desencolada se tratase. Sorprendentemente para el “martillo”, éste ya sabe qué impulso ha ganado.

AMANDA: Sé quién eres y para quién trabajas. Todos aquí lo saben.

Cully sabe que le va a pedir ayuda. ¿Pero por qué él?¿Acaso querría Amanda que le quitase de encima a algún chulo?¿Problemas con algún malnacido cliente habitual del GreenDoor? El ardor no le deja pensar con claridad. Cully es un ser frío y calculador, atributos necesarios para ser el mejor en su profesión, pero su punto débil son las mujeres. Cully no es un asesino a sueldo. Trabaja para una Familia y tiene un código.

AMANDA: Mis padres murieron cuando contaba tan solo 10 años en un ajuste de cuentas del que fueron daños colaterales. Desde entonces una única obsesión ha monopolizado mis pensamientos: vengarme del culpable de su muerte. Por eso comencé a trabajar de streaper en este local.

CULLY: ¿Y qué coño tengo que ver yo en todo esto?

AMANDA: Estoy embarazada del asesino de mis padres y necesito que me ayudes a salvar la vida de mi hijo.

CULLY: ¿Qué te hace pensar que quiero ayudarte?

AMANDA: El asesino de mis padres es tu jefe… es el Don.

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